Los 16 municipios de la zona bajan por primera vez de los 118.000 habitantes, una tendencia que dura casi 20 años
04 ene 2013 . Actualizado a las 06:00 h.El repunte de la emigración en la Costa da Morte y hacia Europa, que recuerda lo que ocurría a mediados de los años 80, ha terminado por dar la puntilla al padrón de habitantes de la comarca, que no ha dejado de caer desde 1994, con la excepción del espejismo del 2008, cuando se produjo un aumento simbólico de 21 personas. Este nuevo fenómeno, tan familiar en la zona ya desde el siglo XIX, se une así a otro mal endémico, como es el crecimiento vegetativo negativo: desde finales de los noventa, los nacimientos son muy inferiores a las muertes. No hay relevo generacional, y la inmigración, tan relevante hasta finales de la pasada década, ha dejado de tener importancia demográfica, debido a la crisis.
Así, la cifra oficial del 2012 para el conjunto de las comarcas de Bergantiños, Soneira y Fisterra, además de Cerceda, es de 117.456 personas, bajando por primera vez de la barrera de los 118.000 vecinos. Esta cantidad acaba de hacerla oficial esta semana el Instituto Nacional de Estadística, y no es ninguna sorpresa: no hay ni siquiera 20 vecinos de diferencia con respecto a la cifra provisional que ya se conoció en cada concello en abril del año pasado. Otras veces, los recursos de los concellos más afectados solían producir alguna variación tras los plazos de alegaciones, pero en esta ocasión no ha sido así. Y, si se mantiene esta tendencia, con las nuevas cifras del 2013, que de nuevo se harán públicas dentro de tres meses, la caída puede ser aún mayor.
El ejercicio anterior se cerró con 118.704 vecinos empadronados, por lo que la diferencia negativa es de 1.248 personas, más del 10 %. El crecimiento de localidades como Carballo o A Laracha, que en otras ocasiones compensaba las fuertes caídas, en esta ocasión son casi imperceptibles.
Así, Carballo, donde el crecimiento es general desde hace una década, incrementa su censo en 55 personas, y A Laracha, en 30. Fisterra, únicamente en siete, aunque por los datos municipales sean más. Un año más, este concello se resiste a escaparse de la cifra redonda de los 5.000 vecinos, que hace dos años significó la pérdida de dos concejales.
El caso de Dumbría
El caso más significativo de pérdida de habitantes es el de Dumbría, al pasar de 3.652 a 3.291. Los datos del Concello ofrecían otra cantidad: 3.774, pero no han sido tenidos en cuenta y el INE da por oficial la menos buena, lo que significa un descenso de 361 vecinos, un 10,9 % menos, casi una parroquia entera. Pero no todo el mundo se ha marchado de repente: «A emigración inflúe moito nesta perda, pero tanto a que se foi nos últimos meses como a que xa está fóra», explica el alcalde, José Manuel Pequeño. «O INE o que fai é depurar os datos da xente do estranxeiro, cruzan esa información e teñen en conta só os que están fóra», señala, algo que ha pasado también en otros municipios, pero no necesariamente al mismo tiempo, ni tan relevante, ya que la presencia relativa de emigrantes es diferente en unos y otros concellos.
El problema de fondo, además de la propia evidencia de que el territorio se queda vacío y no hay mecanismos que parezcan impedirlo, es que «os ingresos baixan cada ano, afúndese a recadación, xa que os plans de obras, de cooperación, o POS e outros investimentos chegan en función do número de habitantes», se lamenta Pequeño Castro.