Carlos Guerra González trabaja como ingeniero industrial en Holanda y reside con su pareja, también pontevedresa, en la ciudad de Delft
30 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Carlos Guerra González tiene 29 años, estudió Ingeniería Técnica Industrial en la Universidad de Vigo y tenía claro que su destino estaba en Holanda. El motivo no es otro que su pareja, Olalla, también pontevedresa, se fue antes que él a los Países Bajos para hacer un programa de doctorado profesional en la Universidad Técnica de Delft, tras terminar sus estudios de Ingeniería Química en Santiago. A raíz de ello, consiguió trabajo en una empresa farmacéutica y se quedó.
En su caso, la primera oportunidad de trasladarse allí le surgió con una beca Erasmus para hacer su proyecto fin de carrera en la Hogeschool de Utrecht. Estuvo siete meses, entre 2010 y 2011. «El país ya lo conocía de pasar mis veranos aquí, y no me resultó complicado adaptarme», comenta Carlos.
Después de aquella primera estancia, cuando terminó la carrera, la situación en España no era nada esperanzadora, así que volvió a hacer las maletas y se fue de nuevo a Holanda a buscar trabajo. «Resultó más complicado de lo esperado, debido al idioma y a venir de un país extranjero, pero finalmente conseguí un trabajo en una pequeña empresa de automatización como ingeniero de software».
En cuanto al idioma, explica que a pesar de lo complicado y diferente que es, empieza a entenderlo, «con ayuda de dos cursos», apostilla. Y en la vida cotidiana (mercados, bares...) siempre se dirige a la gente en holandés, aunque su trabajo lo desarrolla en inglés.
Delft, la ciudad en la que vive con su pareja, está a mitad de camino entre Róterdam y La Haya. Tiene 95.000 habitantes y su Universidad Técnica cuenta con un importante prestigio a nivel nacional e internacional. «Es un lugar muy tranquilo, como un pueblo pequeño, con mercados los jueves y los sábados, y con una población procedente de muchos lugares del mundo, debido a la Universidad». En su descripción añade que esta localidad holandesa «podría ser una postal típica del país, con sus casas de ladrillo y sus clásicos canales».
También es famosa por su cerámica. Se caracteriza por el empleo de azul y blanco, pintado generalmente a mano, y se identifica con la marca Delfts Blauw (azul de Delft en holandés) o Blue Delft. Existe una comunidad bastante grande de hispano-hablantes, «así que no es raro que nuestros amigos de aquí sean españoles, colombianos, mexicanos, argentinos, pero también turcos, holandeses, franceses, italianos, rusos... Como digo, es un país al que viene mucha gente».
Carlos Guerra comenta también que la ciudad está bien comunicada gracias al tren, un medio con el que puedes desplazarte a Róterdam o a La Haya en menos de 15 minutos. «Por eso son las urbes que más visitamos, sobre todo por las compras, mientras que a Ámsterdam vamos una vez al mes como mucho». Evidentemente, al ser un país pequeño y bien comunicado, invita a conocerlo y también han visitado otras ciudades como Groningen, Utrecht, Eindhoven, Haarlem, Gouda....
Entre ciudades, casi todo el mundo se mueve en tren o en coche. En su caso, viaja más de tres horas cada día en total para ir a su puesto de trabajo en Hilverfum y regresar a casa. «El tren es algo caro, pero en general, las empresas cubren los gastos». Pero Holanda es el país de la bicicleta y Delft no es una excepción en el uso cotidiano de este medio de transporte urbano, independientemente del tiempo que haga.
El clima es uno de los temas favoritos de los holandeses, «probablemente - dice- por la poca estabilidad climática que hay, al ser un país tan plano». No hay verano como tal, «y como muchos tenemos cinco o seis días que podrían ser así considerados en España». Asegura que llueve mucho y hace mucho viento, «pero al venir de Pontevedra, la lluvia no es problema para nosotros», bromea. Los inviernos son algo más duros allí, con temperaturas bajas y nieve. «Se puede llegar a los 10 grados bajo cero con tranquilidad y hasta menos 15». Con esas temperaturas los canales se hielan y son usados por la gente para patinar, su deporte favorito.