Jesús Betanzos relevó a su padre al frente de la tienda de efectos navales con más solera
16 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.El mar siempre ha estado presente en la vida de la familia Betanzos, que transcurre entre Coruxo y Bouzas. Jesús Betanzos, padre, hace años que está jubilado, pero sigue de cerca la empresa que ahora lleva su hijo, porque para él es más que un simple negocio. Jesús se ríe mientras cuenta que fue marinero «desde los 9 a los 13 años, que me retiré». Se ríe precisamente porque sabe la reacción de estupor que provoca dicha afirmación vista desde los tiempos actuales, pero es verdad. «Mi padre andaba a la mar y con mi tío pescaba a las parejas, con dos barcos. Yo les veía y quería ser patrón y después empecé a andar a la liña y más tarde al boliche, en la playa de Samil», recuerda.
El patriarca comenzó en el sector de los efectos navales con un establecimiento de los que ya no hay. Vendía material de barcos de segunda mano en otro local cercano al paseo de Bouzas. Allí estuvo desde 1951 hasta que en 1972 se trasladó a las instalaciones actuales.
«El reciclado fue lo primero y después fuimos reciclándonos nosotros», apunta el hijo. «Yo -sigue el padre-, compraba cosas que no tenían otros, cosas que servían, y las vendía. En aquella época se hacía mucho. Compraba, por ejemplo, una estacha de barcos mercantes que vendían en el muelle del Areal y la traía en un coche de caballos, la deshacía, la ovillaba y luego vendía los ovillos para hacer las bayetas para las parejas de barcos. O compraba redes usadas, las preparaba y las aprovechaba. Teníamos redero, pero aún así hacíamos de todo. Lo que no servía para uno, servía para otro. Venían de todas partes de Galicia, de Bueu, de Cangas... ya que ofrecíamos precios muy competitivos. «También traía muchos copos del arrastre del can -sacos de aparejos, aclara- y trozos pequeños de red que les daba a otra gente a deshacer y luego se vendía como hilo nuevo, que ahora ya no se hace», refiere el veterano.
«Yo -continúa el hijo- conocí un poco aquello cuando empecé y aunque aún traemos algún material de segunda mano, no es igual que antes, ahora la gente prefiere cosas baratas pero nuevas».
Lo que también ha cambiado es el enfoque de la empresa, debido al declive del sector pesquero. «Nosotros empezamos con los efectos navales con el bum de los congeladores que iban a Argentina o a Sudáfrica y había muchos más barcos en el Gran Sol. En ese momento empezamos a vender cosas nuevas, sobre todo cabos y redes. Pero decayó cuando los echaron de los caladeros». Jesús reconoce que tuvieron problemas con cobros y perdieron mucho dinero. Fue entonces cuando comenzamos a derivar hacia el tema deportivo en pesca deportiva, de caña y submarina, y en náutica, «sobre todo accesorios para barcos pequeños, aunque empezamos este año a vender motores, pero suavemente».
La tienda de los Betanzos es como una ferretería, llena de cosas con mil utilidades y de nombres para nota
Jesús, el hijo, siempre ayudó en el comercio y se incorporó aún siendo un chaval, en el año 82, al dejar de estudiar, aunque confiesa que quiso ser ingeniero. De sus dos hijos, el mayor ha seguido ese camino frustrado, pero el pequeño lleva trazas de ser el heredero de la saga.
La familia siempre ha estado cerca del mar. Tanto, que el patriarca recuerda que se hizo famoso saliendo en la tele cuando hace décadas se inundó Bouzas y remaba por las calles del barrio con su chalana.