Si Andrés Dobarro levantara la cabeza, comprobaría que el tren ya no le lleva pola beira do Miño. Ahora da un rodeo ridículo por Santiago, con paradas en Pontevedra y Vilagarcía. Todos quienes denunciamos que ministros, alcaldes y conselleiros nos mentían descaradamente con el AVE a Vigo, vemos hoy como se cumplen, una por una, nuestras más negras predicciones.

El AVE a Galicia tiene la ruta Ourense-Santiago-A Coruña. No hay ningún otro. Ni nunca lo hubo. Ni la famosa «L» que dinamitó Manuel Fraga, ni la variante por Cercedo, que no está ni en fase de proyecto. Vigo, la mayor ciudad de Galicia, deberá viajar a Madrid vía Santiago.

Tantos años de mentiras políticas chocan hoy con la cruda realidad. Que es que Vigo no sólo no tiene alta velocidad, sino que hasta los trenes convencionales deben desviarse para viajar a Madrid. Y son los más lentos del país, porque ir de Vigo a Santiago supone una hora y media de trayecto, cuando entre la ciudad del Apóstol y A Coruña sólo se tarda 27 minutos.

Para colmo, han derribado la estación de tren que teníamos, para sustituirla por un ridículo apeadero en Guixar. Veremos ahora cuántos años pasan con ese socavón a cielo abierto sin que se ejecute la obra de Thom Mayne, ya varias veces recortada en su funcionalidad y dimensiones.

Personalmente, tengo el convencimiento de que en Vigo no sólo quieren engañarnos, sino que nos toman por tontos. Como cuando dicen que el apeadero de Guixar se conservará en el futuro para cercanías. ¿Qué cercanías?, me pregunto. Y lo que es peor: ¿En qué cabeza cabe que la estación de cercanías y la de larga y media distancia estén separadas? Es increíble que, aínda por riba, haya que escuchar tantas sandeces.

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