«Si piensas dónde estás, la lías»

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

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Antonio García Abilleira, vilagarciano campeón de España de apnea, acaba de batir su propio récord con una marca de 6 minutos y 34 segundos sin respirar bajo el agua

22 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Quién no ha jugado de pequeño a aguantar la respiración bajo el agua? Superar los veinte segundos estaba bien y llegar a los cuarenta era todo un logro. Ese juego de niños es un deporte para adultos. Se llama apnea y hay un gallego que es un auténtico crac. Su nombre es Antonio García Abilleira, coruñés de nacimiento, vilagarciano de adopción y desde hace unos años residente en Pontevedra, y acaba de batir su propio récord con una marca de 6 minutos y 34 segundos en la especialidad de apnea estática. Es decir, aguanta sin respirar más o menos el tiempo que le puede llevar a usted leer esta página. Y lo hace sumergido en el agua.

Antonio viajará la próxima semana a Turquía. Allí se disputará el Campeonato de Europa de la especialidad. El deportista dice que se encuentra «en un buen momento», prueba de ello es el registro ya mencionado, que supera en medio minuto su anterior marca. Sin embargo, la gran especialidad de García Abilleira es la apnea dinámica. Esta modalidad consiste en ir completando largos de una piscina buceando. El récord del gallego está en doscientos metros. La prueba es de una dureza notable, no solo mental, sino también física. «A partir de los cien metros empiezo a pasarlo mal, el ácido láctico se va acumulando y me produce mucho dolor. Todo esto al margen de la ansiedad que te produce no respirar. Sin embargo, entre los 150 y los 200 metros es mucho más placentero. Ahí es cuando puede llegar lo que llamamos la muerte dulce». El apneísta explica la clave de la prueba: «Ir siempre al mismo ritmo, los acelerones son lo peor».

La modalidad que más le gusta a Antonio, sin embargo, es la de peso constante. Se trata de bajar, y luego subir claro, a una gran profundidad. Su marca, conseguida en Egipto, es de setenta metros. «El gran problema es la presión. A los cuarenta metros los pulmones están tan contraídos que son como puños». Pero claro, cuarenta metros son una niñería para estos tipos, que se adentran en profundidades con una visibilidad prácticamente nula. «El factor miedo es fundamental. Si piensas dónde estás, la lías», afirma. Hasta los primeros treinta metros, el deportista debe ayudarse en el descenso con los aleteos, «pero a partir de ahí ya caigo como una piedra». El descenso en caída libre le lleva alrededor de 1 minuto y 20 segundos y hasta los setenta metros de profundidad. Y después llega lo más difícil: regresar sano y salvo a la superficie. «A mí me gusta ir tocando las marcas de los metros y alegrarme cada vez que llego a la siguiente», explica García Abilleira. A este nivel, la apnea tiene como componente fundamental de preparación el trabajo psicológico. «Hay que estar muy relajado y tener mucha seguridad en ti mismo», afirma.

«Bailar la samba»

Lo cierto es que en un deporte donde se lleva la exigencia física tan al límite la vigilancia es fundamental. Sucede, por ejemplo, en la apnea estática, donde el acompañante del deportista da un toque en la piscina cada cierto tiempo. Si el apneísta no responde lo sacan inmediatamente del agua. Si todo va bien y sale por sus propios medios tiene diez segundos para sacarse las gafas y las pinzas y dar la conformidad con un gesto de las manos. Parece mucho tiempo, pero no lo es. En la mayoría de las ocasiones los participantes bailan la samba, como ellos mismos lo definen. Sufren convulsiones en lo que puede ser la antesala de un síncope. «A mí me ha pasado. Tienes espasmos y empiezas a petardear como una moto», relata Antonio.