El 5 de julio del 2002 la efigie del dictador dejó la entrada de la ciudad
05 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Eran las 23.00 horas de una noche cálida en Ferrol un 4 de julio del 2002. Cerca de doscientas personas se comenzaban a reunir en la plaza de España. Porque tras muchas polémicas y debates la estatua ecuestre de Franco iba a dejar de presidir el recinto. En aquel momento, la principal arteria viaria de acceso al centro.
Pero hubo que esperar hasta las 00.25 horas -al nacimiento del 5 de julio- para que el lugar que en ese instante estaba bajo los focos de toda España se convirtiese en un hervidero. En una auténtica fiesta en la que no faltaron el vino, el cava, los fuegos de artificio y la música para conmemorar que la efigie del dictador iniciaba su galopada hacia el recinto de Herrerías.
Cuatro cintas
Cuatro cintas rodeaban la pétrea barriga del caballo para que pudiese ser izado y trasladado con un camión góndola. Fue a la una y media de la mañana cuando, ya desprendida de sus anclajes del pedestal, la efigie inició su andadura.
Cayó la calle Rochel. Cayó la calle Españoleto. Cayó Esteiro y cayó la zona de los astilleros -Izar en ese momento-. En apenas media hora se finiquitó el polémico viaje que confinó el tributo al dictador a los muros del Arsenal Militar.
El paseo estuvo acompañado, como ya se ha mencionado, de fiesta y celebración. La operación se diseñó con sigilo por parte del equipo de gobierno del nacionalista Xaime Bello. De hecho, la fecha exacta del traslado fue una incógnita para la ciudadanía hasta 24 horas antes. Miles de ferrolanas y ferrolanos estuvieron atentos al proceso. Y también muchas personas -jóvenes en su mayoría- que llegaban de la comarca y otras urbes gallegas. Algo que luego se tradujo en una excelente noche para la hostelería local.
Los más increpaban al pétreo dictador al que, inmutable, se le dirigían gritos de «fascista» y similares. Los menos hacían lo propio hacia Xaime Bello y alguna que otra lágrima se derramaba entre los nostálgicos, que también los había. No faltaron los: «¿Pero qué daño hacía ahí?» ni los: «Es una obra de arte».
Sin polémicas
Entre una cosa y otra, la noche discurrió plácida y sin incidentes. Lo que en principio se preveía como una especie de posible polvorín por lo encontrado de las posturas no fue tal. La sociedad civil demostró que las polémicas estaban más instaladas en los despachos que en las calles.
Al día siguiente, todas las miradas continuaban en el mismo sitio, pero sin convidado de piedra. Comenzaba una reforma de la plaza de España que todavía sigue sin culminar. Un proyecto que ha pasado ya por cuatro ejecutivos municipales.
¿La estatua? Su última galopada se emprendió el 18 de marzo del 2010. En cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica salió de Herrerías para quedar tapada con una lona en el interior de las instalaciones militares locales.
reportaje la crónica de una noche emblemática para ferrol
La sociedad civil demostró que la polémica estaba más en despachos que en las calles