Destacamento de Astorga

Nona I. Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

24 oct 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Espero que la cercanía de lo que voy a contar no suponga un plus emocional que convierta en desproporcionada la valoración de algo que puede parecer normal. Para mí no lo ha sido. Y por eso quiero agradecer públicamente a los miembros del Destacamento de la Guardia Civil de Astorga, no solo su profesional e impecable atención, sino también algo que va mucho más allá del cumplimiento rutinario de un deber: su humanidad, su empatía y su saber hacer en lo emocional conmigo (en situación anímicamente crítica después de un peligrosísimo accidente) que podría entrar en pánico o en la ansiedad que produce ser consciente de que era posible que, aunque en apariencia ilesa, pudiese haber sufrido un daño consecuente con el del coche que, eso parece, habrá realizado su último viaje…

No olvidaré fácilmente a esos agentes. Llegaron a los pocos minutos de mi llamada. Y sentí la sensación de que el tono de su voz y su palabra eran familiares. No me interrogaron, iniciaron una amable conversación conmigo, supongo que con la intención de descubrir un posible daño no visible. Y me olvidé de mi vuelo hacia el abismo, para centrarme en valorar la, para mí, invisible mano de la providencia (otros dirán la suerte) que me sujetó a la vida. Y, en ese clima, pude hablar serenamente con mi familia, de la que me separaban trescientos kilómetros, como si nada hubiese pasado.

En esa mochila, en la que guardo cada uno de mis momentos inolvidables, y en mi corazón, cansadito pero abierto al afecto, estarán para siempre los agentes del Destacamento de Astorga que, además de atención, me ofrecieron la empatía que necesitaba en momentos tan críticos.