La sencillez de lo imposible


Ferrol

Hay cosas muy difíciles de hacer que, sin embargo, se acaban haciendo. El ser humano logró empresas que rozan el límite de lo imposible. Siempre se consiguió ir un paso más allá de lo que parecía racionalmente alcanzable, sobre todo en los tiempos actuales. Desde jugar al golf en el espacio exterior, hasta apretar un botón del móvil y conseguir que suene otro en Australia, pasando por el detalle absolutamente fantástico de meter aquí en un fax un papel escrito y, a los pocos segundos, que lo pueda leer en Japón la persona destinataria del mismo. Y en el terreno social, a mí no deja de sorprenderme el hecho de que en España, país díscolo e indisciplinado para lo que se legisle en favor de la convivencia colectiva, se haya aceptado tan unánimemente la ley que prohibió fumar en sitios públicos. Desde hace años, ya no se fuma en los hoteles, en los restaurantes, en los aviones, en la oficina, en muchas casas? Se acabaron aquellas humaredas de los cafés de sobremesa en cualquier comida familiar o de compañeros de trabajo. Para mí, que hice un viaje trasatlántico en avión sentado al lado de un señor gordo que se fumó dos puros en la noche; que viví una época en que los alumnos podían fumar en clase (por supuesto, el profesor también); que vi cómo en mi casa mi padre y mi abuelo fumaban sin ningún tipo de remilgos, esta implantación sin fisuras de la Ley antitabaco es un auténtico milagro. Pues no, es una realidad que se ha impuesto no solo en España, sino en todo el mundo occidental, porque alguien supo plantearlo y explicárselo a la gente: fumar es malo, objetiva y científicamente demostrado, así que actuemos en consecuencia. Así de sencillo.

En España, ahora mismo, necesitamos ese alguien, o varios, que nos resolviesen el problema político que tenemos planteado. Que nos permitiese salir de esta parálisis en que está metido el país. Políticos consecuentes, con altura de miras, decididos a llevar a cabo lo que el pueblo decidió en unas elecciones libres. Las matemáticas dicen lo que dicen: que no hay una mayoría de derechas ni de izquierdas en el Congreso. Ni unos ni otros suman para garantizar un gobierno estable. Habrá, pues, que ponerse de acuerdo, unos con otros, para que los números salgan. Desde la perspectiva de a pie de calle, no hay tantas diferencias insalvables entre la población para que los representantes políticos no puedan alcanzar un acuerdo. Aquí gobernó la derecha y gobernó la izquierda: la banca siguió ganando dinero con unos y con otros, lo mismo que el llamado Estado de bienestar se mantuvo -con pequeñas variantes, por lo menos hasta la crisis- con tirios y troyanos. ¿Qué pasa si se forma un Gobierno transversal -como es la sociedad española- respaldado por PSOE, Podemos y Ciudadanos (centro izquierda, izquierda y centro derecha)? En cantidad de países europeos, con más años de democracia que el nuestro, funciona sin que nadie se sorprenda por ello.

Y lo mismo se podría decir de la otra combinación más derechizada (también más forzada), con el PP en vez de Podemos. ¿Será tan complicado? Lo que pasa es que falta generosidad y sobra dirigismo en los partidos, hoy en día carentes por completo del sentido de Estado. Y cuando nos demos cuenta, volveremos a estar con otra crisis encima, sin haber salido aún de esta, y Cataluña nos dirá adiós tranquilamente.

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