Crónica | Despedida de los saharauis acogidos en Ferrol Nueve niños abandonarán la ciudad en los próximos días con una mezcla de sentimientos: alegría por volver junto a su familia y pena por dejar el país
01 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Nueve pares de ojos negros como las noches sin luna sobre el desierto rieron ayer juntos por última vez antes de partir al Sáhara. Los niños saharauis acogidos en Ferrol celebraron su despedida en el Club de Campo. Todos se mostraron tristes por marchar y a la vez felices por reencontrarse con sus familias. Tras pasar dos meses en España, todos se han acostumbrado a cosas que les llamaban muchísimo la atención al principio, como que el agua saliera del grifo o que la luz fuera eléctrica. En su vida habían visto tanto líquido junto como en una piscina. Y el mar no lo habían avistado ni de lejos. En su país viven en jaimas (tiendas de campaña divididas en habitaciones). «No hay casas como aquí», explica Kafia, una pequeña de diez años que repite por cuarta vez viaje a España, estancia en Ferrol y conviviencia con la misma familia. Su amiga Suadu (nueve años, segundo en España y bastante más tímida que la pizpireta Kafia) asegura que no le gustan ni el chorizo ni el jamón, o jalufo, como ella le llama. Son las dos únicas niñas de un grupo de siete terremotos masculinos. Se llevan al Sáhara decenas de objetos útiles: hilo y agujas para arreglar la jaima , botellas de agua y latas de atún. Nada de caprichos: los dulces y juguetes los han tenido unos meses, ahora les toca volver al desierto, a coger agua todas las mañanas del pozo y también, como no, a ver a su familia. Las madres están encantadas con sus pequeños. Casi todas son repetidoras, y esperan volver a serlo. La acogedora de Suadu ya tuvo a su hermano el año pasado. Mira sonriente a la niña mientras habla: «Es muy cariñosa, todo el día está dándome abrazos y besos».