Pedro Duque, un astronauta con los pies en la tierra

Defensor de una mayor inversión en investigación y de la educación para todos, es el azote de la seudociencia

¿Qué esperan de Pedro Duque en Galicia? Testamos a dos sectores directamente afectados, por un lado la universidad y por otro el sector aeronáutico, en pleno auge en Galicia y muy vinculado a la trayectoria del nuevo ministro de Ciencia
l. Vidal
redacción / la voz

Cuando la nave rusa Soyuz sobrevoló en el 2003 el cielo de la Costa da Morte en dirección a la estación espacial internacional, uno de sus tripulantes, el ahora nuevo ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque (Madrid, 1963), conectó con un grupo de alumnos del colegio público de Seixalbo, en Ourense. Fueron los únicos que pudieron charlar con él gracias a una emisora de radioaficionados. A través de aquel aparato respondió a las preguntas de unos chavales que tenían entre 7 y 12 años, a los que anunció que cuando fueran mayores el hombre habría pisado Marte. Aquellos chicos han crecido y poner una pica en el planeta rojo aún es un reto. No importa. Para avanzar hay que marcarse retos. El ingeniero aeronáutico Pedro Duque, hasta ayer responsable de revisión de proyectos para futuros vuelos tripulados en la Agencia Espacial Europea (ESA), sabe lo que es tener objetivos.

Como en una carrera de vallas, a lo largo de su vida ha ido superando uno tras otro. Lleva haciéndolo desde un día de 1992 en que vio un anuncio en el periódico en el que la Agencia Espacial Europea buscaba personal. Mandó una solicitud y fue seleccionado. En 1998, tras despegar de cabo Cañaveral a bordo del trasbordador Discovery, acabó convertido en el primer astronauta español de la historia. Fueron muchos los galardones que ha recibido a lo largo de su vida. Es miembro de la Real Academia de Ingeniería y fue premio Príncipe de Asturias de cooperación internacional en 1999. Incluso pidió una excedencia para trabajar en Deimos Imaging, una empresa privada que en el 2009 mandó al espacio el primer satélite español de observación de la Tierra. Porque a Duque, como él mismo dijo hace menos de dos meses en Santiago durante la inauguración de la feria educativa Stemlab, no le parece mal que las empresas privadas cojan el timón del lanzamiento de satélites a la órbita terrestre, sobre todo de telecomunicaciones, porque de ese modo las agencias espaciales podrían dedicarse a otros campos, como reanudar los viajes a Marte o la búsqueda de exoplanetas.

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Esta experiencia convierte a Pedro Duque en un puntal estratégico para dar un nuevo impulso a la boyante industria aeronáutica gallega, que en el 2016 facturó 122 millones de euros, además de dar empleo a 1.100 personas. Enrique Mallón, secretario general de la Asime y presidente del Consorcio Aeronáutico Gallego, confía en él porque «es un buen fichaje para el mundo de la ciencia». «Esperamos desde la industria tener una buena relación a nivel autonómico y estatal», dijo.

Trabajar codo con codo con la industria aeronáutica es uno de los objetivos, pero al frente de este nuevo ministerio, que devuelve la gestión de las universidades a manos de la ciencia para potenciar la institución académica como fuente de investigación y desarrollo, se le presentan muchos retos. Muy duros. El principal es devolver a la ciencia el peso que merece. No ha dejado de repetirlo. De hecho, en el 2013 salió a la calle durante la protesta del sector de la investigación frente a los recortes del PP. ¿Cómo revertir eso? Alcanzando una inversión para el sector del 2 % del PIB antes del 2020 y recuperando los 10.000 investigadores que han tenido que abandonar el país por falta de financiación para sus proyectos.

Sus deberes

La comunidad científica le ha puesto deberes: desatascar los «bloqueos burocráticos» del gasto en los organismos públicos de investigación y universidades; diseñar nuevas fórmulas de aplicación de los créditos que mejoren la ejecución presupuestaria; redactar los futuros estatutos del CSIC, el CDTI y la Agencia Estatal de Investigación, y recuperar políticas de recursos humanos que reviertan el envejecimiento de las plantillas de investigación. Este problema, como apunta el investigador del Instituto Galego de Física e Altas Enerxías Cibrán Santamarina, es patente en Galicia, donde «é necesaria sabia nova para sustentar o modelo».

No es menos prioritario para el nuevo ministro luchar contra las seudociencias, de las que no se cansa de repetir que «no funcionan», aunque hayan logrado que los Gobiernos la amparen. Pero no ha hecho más que coger los mandos de la nave. Habrá que ver hasta dónde es capaz de llegar.

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