Puigdemont se atrinchera y agrava el cisma

Insiste en que no hay otro candidato posible después de que el presidente del Parlamento catalán desatara las iras de Junts per Catalunya y de la CUP por aplazar la investidura

Puigdemont: «No hay ningún otro candidato alternativo» El expresidente catalán huido a Bruselas publica un vídeo en el que lamenta el aplazamiento de la investidura decidido por el republicano Roger Torrent, presidente del Parlament

Barcelona / colpisa

Carles Puigdemont lo tiene imposible para ser investido presidente de la Generalitat. Pese a ello, anoche insistió en que «no hay ningún otro candidato posible ni otra mayoría alternativa posible». Respondió así, en un mensaje emitido en las redes sociales, a la decisión del presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, de aplazar el pleno de investidura previsto para las tres de la tarde de ayer. La decisión hizo saltar por los aires la aparente cohesión del bloque secesionista, y la respuesta de Puigdemont, atrincherándose en su candidatura, no hizo sino agrandar el cisma, pese a sus apelaciones a la unidad de los soberanistas.

De manera unilateral y sin consultarlo con sus socios de Junts per Catalunya y la CUP, el presidente de la Cámara catalana, Roger Torrent, dirigente de Esquerra, aplazó sine die el pleno de investidura. Lo hizo tras constatar que la elección del presidente de la Generalitat no podía hacerse con plenas garantías, ya que la única opción que quedaba sobre la mesa era una investidura a distancia, prohibida por el Tribunal Constitucional. Como mucho podía quedarse en un acto simbólico de desafío al Estado. Pero Torrent, que es un dirigente en alza dentro de Esquerra y aspira a una carrera política, vio que se arriesgaba a una acusación de desobediencia al Constitucional y una muy probable pena de cárcel si seguía adelante con la investidura. Evitó el choque y anunció que «aplazaba» la sesión parlamentaria, pero no la «desconvocaba». Puso énfasis en que mantenía la candidatura de Puigdemont, aunque no concretó la fecha en que podría celebrarse el debate. El presidente del Parlament ha encargado a los servicios jurídicos que presenten alegaciones dentro de los diez días concedidos por el Constitucional. Cargó contra el Gobierno y contra el tribunal y advirtió que irá hasta el final para defender los derechos de Puigdemont como candidato. «Me he comprometido a garantizar su inmunidad», afirmó sin ningún éxito.

Su decisión cayó como una bomba en el independentismo, que minutos antes de la comparecencia de Torrent anunciaba a través de Junts per Catalunya un acuerdo tripartito para el futuro Gobierno catalán. Entendimiento que saltó por los aires con el discurso del presidente de la Cámara. Junts per Catalunya y la CUP no se dejaron seducir por el discurso solidario con Puigdemont y acusaron a Torrent de traidor y de haber actuado de manera unilateral. Extremo que desde Esquerra negaron con vehemencia porque aseguraron que el presidente de la Cámara llamó hasta en cinco ocasiones a Puigdemont minutos antes de pronunciar su discurso, pero que el expresidente de la Generalitat no cogió el teléfono.

Neoconvergentes y anticapitalistas montaron en cólera y anunciaron que no iban a acatar la decisión de Torrent y que a las tres de la tarde, la hora prevista para el pleno, se sentarían en sus escaños para celebrar la sesión parlamentaria. Solo los cuatro de la CUP consumaron el desafío, mientras que solo cinco de los 34 diputados de Junts per Catalunya entraron en el hemiciclo, sin llegar a ocupar sus asientos.

Gritos de «cobarde» a Torrent

La imagen de los cuatro diputados cuperos con el puño en alto escenificaba las diferencias que hay en el secesionismo: mientras unos aún mantienen la vigencia de la república proclamada el pasado 27 de octubre, otros buscan vías más realistas, al tiempo que los terceros se aferran al expresidente de la Generalitat. La tensión en las protestas a las afueras de la Cámara catalana reproducía el ambiente que se vivía en el soberanismo. Junts per Catalunya exigió al presidente de la Cámara que celebrara ayer mismo el pleno. «La democracia no se aplaza», afirmó el portavoz del grupo nacionalista, Eduard Pujol. Para la CUP, Torrent «reculó» y tomó una decisión de «sumisión» y «obediencia» al Estado y al Tribunal Constitucional. «Solo desde la desobediencia podemos materializar la república», apuntó el portavoz antisistema, Carles Riera. La mejor expresión del cisma en el independentismo se comprobó en los pasillos del hemiciclo, donde un grupo de diputados de Junts per Catalunya gritó «cobarde» cuando pasó Torrent por delante. «No permitiremos enfrentamientos fratricidas», trató de arreglar la ANC.

La cuestión es que Esquerra lanzó ayer el aviso más contundente hasta la fecha al expresidente de la Generalitat para que se aparte, como ya hizo Artur Mas en el 2016. Torrent no quiso desobedecer al Constitucional, como le pedía Junts per Catalunya para que facilitara la investidura a distancia, y encontró una vía intermedia que en absoluto convenció a sus por ahora socios. Pero Esquerra, que estaba dolida por la petición unilateral de amparo de Puigdemont y porque considera que a la lista nacionalista solo le preocupa la investidura del expresidente y la chantajea con elecciones, ya hacía tiempo que se la tenía jurada a sus socios. «Hace falta una investidura eficaz y eficiente», que permita formar un Gobierno desde el primer día, insisten los republicanos.

De momento, Torrent con su decisión le muestra la salida a Puigdemont. El expresidente de la Generalitat y Junts per Catalunya insisten en mantener el enfrentamiento institucional con el Gobierno de Rajoy. Esquerra, en cambio y de la mano de Torrent, empieza a desmarcarse.

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