Y sin embargo, algo se mueve


Galileo, el astrónomo represaliado por la Iglesia, dejó para la historia una gran frase: obligado a abjurar públicamente de su ciencia y a proclamar que el Sol giraba alrededor de la Tierra, tuvo arrestos para, dice la leyenda, enmendar su rendición con un desafiante «eppur si muove» («y sin embargo se mueve»).

Volveremos a oír enmiendas similares las próximas semanas. Las negociaciones para formar Gobierno darán lugar a sonados cambios de postura, a un sinfín de «digodiegos» y a escenificaciones de quiméricos acuerdos, sumas imposibles y cuadraturas de círculos.

Está en juego el poder. Todo vale para conseguirlo. Y la expectación es máxima. Pero nadie tiene garantías de éxito. Los números no dan. Y aún no hay una urgencia histórica que justifique alianzas antinaturales y pactos extraños.

Probablemente vamos hacia la repetición de las elecciones. Pero hay quién cree que aún puede lograr el objetivo de gobernar, aunque sea en precario y apenas unos cuantos meses. Para lograrlo necesitará que a su derecha y a su izquierda grandes líderes borren líneas rojas y abjuren, públicamente, de sus proclamas. Alguno, por aquello de la dignidad, lo hará con la fórmula de Galileo. Pero sus «y sin embargo» no servirán de nada ante la maldita hemeroteca y la magnifica memoria de Twitter.

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Y sin embargo, algo se mueve