Entrevista | Luisa García García La jefa de servicio en la Subdirección General de México, Centroamérica y Caribe considera que muchas veces se desconocen los sacrificios que implica esta profesión
09 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Elegantes, siempre de punta en blanco, asiduos invitados a las fiestas de postín que se realizan en todo el mundo. El glamur y el lujo dominan la imagen que mucha gente tiene del cuerpo diplomático. Sin embargo, esta profesión, como cualquier otra, entraña numerosos sacrificios, que van desde dedicar un período largo de tiempo -normalmente los años de juventud- al estudio de las oposiciones, hasta vivir siempre de un lado a otro. Luisa García García (A Estrada, Pontevedra) conoce bien todos estos inconvenientes, pero los asume con la alegría propia de haber alcanzado la meta profesional deseada. Dentro de unos meses partirá rumbo a su primer destino en el extranjero: el Congo. - Lo suyo es pura vocación. -Sí. Desde los quince años mi ilusión fue pertenecer al cuerpo diplomático, por lo que mi vida académica tenía que desembocar necesariamente en Madrid, casi el único lugar de España donde se preparan estas oposiciones. Tras acabar mi estudios de Ciencias Políticas, en la especialidad de Relaciones Internacionales, en la Universidad de Santiago, vine a hacer un máster en Relaciones Internacionales y Derecho Internacional en la Universidad Complutense. Una vez finalizado, empecé a preparar las oposiciones para hacer la carrera diplomática, meta que alcancé dos años más tarde, en el 2004. - Esta decisión implica dedicarse, por un tiempo no fijado, en cuerpo y alma al estudio . -Siempre me ha llamado la atención esta profesión porque me he sentido atraída por las relaciones internacionales y, a su vez, he querido conocer otras culturas y formas de vida. Creo que la carrera diplomática es la única profesión que conjuga fielmente ambas cosas y te da esa posibilidad. Yo era consciente del esfuerzo que requería el entrar a formar parte, tanto por mi parte, en el plano del estudio, como por la de mis mis padres, desde el punto de vista económico, pero ellos siempre me han apoyado y respaldado, igual que toda mi familia. Eso me ayudó a decidirme y a tener fuerza para dedicarme a mi esfuerzo personal, que era el estudio a dedicación completa con la finalidad de aprobarlas. - ¿Se han cumplido las expectativas que tenía antes de entrar? -En el trabajo de un diplomático hay dos áreas muy distintas, una es la que he experimentado hasta ahora, que es el trabajo en los servicios internos del Ministerio de Asuntos Exteriores. Otro es el que se realiza en las embajadas y consulados en el extranjero. La idea que te haces de un diplomático cuando intentas entrar es más la labor en el extranjero, por eso espero ilusionada mi próximo traslado. - ¿Cuál considera que es la percepción que tiene la sociedad? -En general, y no ocurre por supuesto con todas las personas, se tiene una idea un poco distorsionada de lo que es la vida del diplomático. Asociada a la élite social y al lujo, a una vida de fiestas, cócteles y recepciones. Pero en realidad, la vida de un diplomático tiene aspectos duros, como el estar apartado de tu familia, en países muy lejanos, constantemente variando de destino, sin llegar a poder arraigar en un país determinado. Significa llevar una vida itinerante y esto implica muchas dificultades a la hora de poder llevar a cabo una vida familiar normal, tal como todos la entendemos.