Comida rápida para gente «fisna»

Joaquín Merino MADRID

ESPAÑA

MARCOS MÍGUEZ

Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: D' E Sergi Arola siempre es noticia, incluso desde el «fast-food»: su restaurante La Paninoteca d' E pasa a llamarse, sencillamente, D'E y presenta algunas novedades

08 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Este restaurante abrió bajo los auspicios de Juan Pablo Felipe, cocinero imaginativo y premiado con una estrella Michelin en su restaurante El Chaflán y no mucho después, y con el mismo nombre, pasó a manos del divino Sergi Arola, quien junto a Santi Santamaría, catalán como él, es el único poseedor en la todavía capital de España de dos estrellas, dos, de la venerada y atrabiliaria guía francesa. No había visitado aún el establecimiento en la etapa Arola, y ayer rellené tan vergonzosa laguna para informar a los lectores de La Voz de cuanto allí sucede al comienzo de la rentrée 2005. Una de las novedades consiste en la incorporación a la carta de los ricos postres firmados por Paco Torreblanca, el pastelero de Elda que no sólo ha saltado sobre las turbulentas lindes nacionales, según acredita su premio Mejor Maestro Pastelero de España 1988, sino nuestras fronteras, para recibir, dos años después, idéntico galardón ya a nivel europeo. Lo que pasa es que nos fue imposible refrendar sápidamente la exquisitez de las creaciones de tal maestro porque, cuando llegamos (tempranamente) a la hora del postre, ya se habían agotado. Mi pobre mujer estaba muy ilusionada con la gianduja real, creada por este príncipe de los confiteros para la Boda Idem, a la que no pudimos asistir, pero nada. Y, ahora que lo pienso, no se debe empezar por el final: remontemos. Pros y contras D'E (Velázquez, 32. Madrid. Tno. 914 263 816) es un restaurante minimalista hasta el espachurramiento, abierto a diario de ocho de la mañana a media noche, y con una oferta corta y estrecha que ahora se decanta, aseguran, por lo «provenzal y mediterráneo», expresado en paninos gourmet de pechuga ahumada y cabeza de jabalí, pan de chapata con butifarra de cebolla y ahumados, baguettes de secallones y de bull negra... Nosotros, cautos que somos, nos decantamos por las raciones, y me satisface proclamar a los cuatro vientos que... ¡comimos estupendamente!, desde el compartido jamón ibérico del Pago Valle de las Seis Encinas, buenísimo, complementado después por la anguila ahumada con rúcula y mascarpone, delicada, hasta la ensalada de bacalao ahumado con anchoas, escarola, almendras tostadas en láminas, vinagreta de romesco y tomates secos, vehementemente sabrosa. La carta de vinos es corta y faltan referencias, de modo que en esta ocasión renuncié al tinto, eligiendo un Enate Gewürstraminer 2004 que entraba cual cordón de seda, sobre todo con la anguila, lo cual nos consoló muchísimo. Otros aspectos de D'E atizaban nuestro desconsuelo, sin embargo, por ejemplo el calor, el ruido o la estrechez de las mesas: cada vez que entraban o salían nuestras «compañeras de pupitre», dos señoras cargadas de bolsas y muy inquietas, teníamos que contorsionarnos o morir. En cuanto al servicio, aquellos chicos y chicas enlutados parecían buenas personas, pero estaban groggy , resultaba imposible captar sus miradas erráticas y nos sentíamos náufragos en medio de la barahúnda.