Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: JORNADAS RUPERTO DE NOLA Practicar el turismo gastronómico correteando de acá para allá está muy bien, pero hacerlo sentadito en un lujoso restaurante constituye toda una experiencia principesca
30 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Por supuesto, el hombre fue antes que el nombre, pero lo cierto es que el restaurante Santiago (paseo Marítimo 5, Marbella. Tno. 952 770 078) lleva ya muchos años asomado felizmente a la playa y el Mediterráneo, y que es famoso entre sus clientes de todo el orbe por la bondad de sus materias primas y elaboraciones. Acaso un punto menos lo sea su dueño y alma Santiago Domínguez, «padre fundador» de la Marbella actual junto con los Alfonso de Hohenlohe y otros próceres: yo siempre pienso que si en vez de Domínguez se hubiera apellidado Habsburgo, pongamos por caso, ocuparía ahora un lugar paritario en el bulevar universal de la fama junto al propio Hohenlohe. Claro que Santiago tiene la ventaja sobre Alfonso de estar vivo y muy vivo. Tras cincuenta años como ejemplar empresario de hostelería en Marbella, «tuvo un sueño» y lo materializó inaugurando su Ruperto de Nola (Antonio Belón, 3. Tno. 952 765 550), restaurante de cocina creativa a cargo del joven chef Jacobo Vázquez, que rompía en todo con la línea de su querido y viejo Santiago. Sólo un titán de su talla moral sería capaz de plantearse a sí mismo tal desafío... «teniéndolo todo hecho, ¡hay que ver!», como sin duda comentarían las señoras sensatas. Un año después el buen Santiago sigue sin arrugarse, mantiene intacta su sempiterna sonrisa y ha importado a Marbella, sin reparar en gastos ni compromisos propios y ajenos, a otros dos pesos pesados de la hostelería española: a la derecha del «ring»...¡Lucio!, el rey de la Cava Baja y gran domador de famosos, natural de Serranillos (Ávila), como representante de la cocina tradicional; a la izquierda, Santi Santamaría, poseedor desde hace siglos de tres estrellas Michelin, natural de Sant Celoni (Barcelona) y con sabe Dios cuántos kilos de peso, como símbolo más cualificado de la cocina creativa con raíces. Santi, Lucio, Santiago, tres mosqueteros de los fogones reunidos bajo el cielo azul de Marbella durante dos jornadas inolvidables. Su d'Artagnan de turno vendría siendo Jacobo Vázquez, jefe de cocina de la casa anfitriona y discípulo, entre otros maestros, del propio Santamaría. Las presentaciones de rigor corrieron a cargo de los periodistas también invitados, y famosos de la tele, Goyo González y José María Iñigo, acompañados pro este humilde servidor y por los propios protagonistas. ¡Qué noches las de aquellos días! El «noi» de Sant Celoni se descolgó con un menú larguísimo con nombres y apellidos, y por ende imposible de reproducir, aunque yo destacaría entre mis preferencias sápidas los deliciosos chicharritos off-the-record e inmediatamente después la cocotte de pescados de la Costa Brava en salsa bullabesa. Lucio, sin cortarse un pelo ante tanta magnificencia, aportó su jamón con pan y tomate, sus suculentos callos, los famosos huevos estrellados estilo Lucio, merluza o churrasco, a elegir, muy ricos ambos, arroz con leche y pastelillos: lo suyo de toda la vida.