Aznar, a regañadientes

| RICARDO MARTÍN |

ESPAÑA

EL MERCADO DE LA CORTE

08 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Por primera vez en su presidencia, Aznar reconoce, a regañadientes, que la Constitución puede requerir adaptaciones a dos realidades que condicionan la política de Estado a partir de 1978: la Unión Europea y la España de las autonomías. Hay un sentimiento de orgullo entre los españoles por el esfuerzo colectivo que nos ha llevado en estos años a la normalidad democrática y a mayores cotas de bienestar económico; pero, a la vez, somos la sociedad que más apoya la integración europea y valoramos como un éxito el Estado autonómico. Firmeza o diálogo Una de las mejores aseveraciones que se han oído a Zapatero es que la derecha suele subirse al tren de las reformas cuando éstas ya están en marcha. Cabría añadir que felizmente para todos, porque esa derecha española agrarista y espadona ha abrazado con entusiasmo inusitado la Constitución del 78, con lo que ello supone. La cuestión es que el electorado tendrá que optar, en un escenario de conflicto, entre la firmeza y el autoritarismo del PP, suavizado por Rajoy; o el diálogo y el cambio de tercio que representa el PSOE. Marruecos y la UE En su calvario de rectificaciones de última hora, el presidente Aznar ha comprendido que España tiene que pagar a Marruecos un precio -no sólo político- para que ejerza de frontera sur de la UE. En el frente europeo, Aznar tendrá que hacer concesiones de fondo si quiere que nuestro país recupere algo de peso en la Constitución europea. El gallito Aznar levantó la voz en el corral que dominan Alemania y Francia y se ha quedado afónico. Los partidos tienen menos crédito que los políticos, por eso el díscolo Mariño gusta tanto.