Las risitas del PSdeG

La inminente entrada de Gonzalo Caballero en el Parlamento actuará como un resorte para la gran batalla que se va a librar en el 2020 para las autonómicas


Santiago

Tras meses de tensiones, los resultados electorales tienden a generar reacciones espontáneas de los protagonistas, sin caretas ni argumentarios. Esta semana, en el Parlamento de Galicia, con las municipales a medio digerir, hubo justificados gestos de alegría en la bancada socialista, pero también algunas risitas que en el PPdeG se interpretaron como un exceso de soberbia en clave autonómica.

Feijoo, al que sus enemigos quieren implicar en el sumario de los grandes perdedores del domingo, les recomendó «humildade» y les recordó los precedentes. Los rostros cambiaron. Fue la reacción de un killer político enrabietado que en una década ha conseguido someter a media docena de líderes sin atender a las tendencias del momento.

En cuestión de semanas verá pasar por delante a otro más para su colección de portavoces devorados en la parrilla de O Hórreo, Xoaquín Fernández Leiceaga, con el que ha mantenido una relación interesadamente cordial, tratando de destacar su sensatez para poner en evidencia a un rival que en teoría era más fuerte, un viejo truco. Fue una estrategia muy meditada que funcionó a medias. «Acertamos en el desgaste, pero no lo capitalizamos», reconocen los cerebros populares, que han visto cómo los socialistas se han beneficiado de la machacona labor de zapa del PPdeG contra la gestión de los alcaldes de las mareas y los líos crónicos de su grupo parlamentario.

La táctica cambiará de forma radical desde ya. A falta de una reflexión colectiva que se ha aplazado hasta la próxima semana, la inminente entrada de Gonzalo Caballero en la Cámara va a funcionar como un resorte para la gran batalla que se va a librar en el próximo año y medio: el poder urbano socialista, con el apoyo del Gobierno central, contra la maquinaria orgánica del PPdeG, tocada en las ciudades, pero muy viva fuera de ellas, a la que suman el rodillo parlamentario y los poderosos mandos de la Xunta.

Los malos están identificados. Son el PSOE y sus «mochilas», como van a englobar a los nacionalistas y a lo que quede del naufragio de las mareas. En un golpe de optimismo, quizás excesivo, la dirección popular piensa que el incremento de poder socialista va a brindar algunas oportunidades al candidato autonómico, pero también multiplicará las tensiones, las contradicciones y las heridas en múltiples frentes, y ahí estarán ellos con el salero.

En un ambiente que será muy hostil a partir de septiembre, el actual presidente autonómico tendrá dos debilidades. Génova, lejos de ayudar, puede convertirse en un elemento que distorsione las estrategias de Galicia, incluso con premeditación. Y luego está su reflexión personal, que pretende dilatar hasta después de Semana Santa. Mientras, pocas risas. En uno y otro bando.

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