La movilidad, o cómo al fin las ciudades aprenden a conocerse a sí mismas

El transporte urbano debe adaptarse a la singularidad de cada lugar, pero siempre debería ser eficaz y sostenible

Implantación del carril bici en el centro de A Coruña
Implantación del carril bici en el centro de A Coruña

redacción / la voz

No. No hay una receta. En realidad hay tantas recetas como ciudades. Cada una de ellas deberá encontrar su modelo de movilidad, que siempre será aquel que mejor se adapte a su geografía y a la idiosincrasia de sus habitantes. La capacidad de tracción del tranvía sirvió para superar las cuestas de Alfama, en Lisboa, o las endiabladas pendientes de San Francisco. Ámsterdam es una ciudad a las órdenes de las bicicletas, pese a tener kilómetros de canales. Porque es Venecia la ciudad que se mueve sobre el agua, y es inimitable. Los mejores ferrocarriles suburbanos son los que de verdad dan sentido a la selva de cemento de la superficie. El metro es el alma de la gran metrópoli. Mientras que lo inmaterial de Santiago o Pontevedra solo se descubre caminando. En Roma, en Bangkok, en alguna rotonda cercana, el movimiento siempre intenta imponerse al caos, a la parálisis. Así que es cada ciudad, en su singularidad, la que tendrá que buscar su coherencia interna, conocerse de verdad en definitiva. Y finalmente dar una sensación de orden y bienestar a tantos miles de personas que se empeñan en ir de un lugar a otro todos los días.

Ethel Vázquez es ingeniera de Caminos. Pero no es lo mismo construirlos que gestionarlos para que sean útiles. Ahora intenta hacer las dos cosas en la Consellería de Infraestruturas e Mobilidade. Aparte de la especificidad de cada entorno urbano, hay unas coordenadas sobre las que deberán guiarse las políticas de transporte urbano en los próximos años, pues son fruto de un consenso social en el que ya no hay marcha atrás. La máxima autoridad gallega en materia de movilidad lo explica así. «Puede resumirse en dos palabras: eficacia y sostenibilidad. Se debe partir de una planificación global de todos los servicios existentes y previstos en el ámbito metropolitano para alcanzar un transporte público más accesible en infraestructura, tarifas y tecnologías, y más cómodo y útil».

La conselleira, que estos meses está trabajando en el nuevo plan de transporte autonómico que incluirá dos ciudades -Ferrol y Pontevedra-, cree que es fundamental que el transporte urbano «esté adaptado a las necesidades de las personas en cuanto a horarios, frecuencias y rutas». Pero también señala que los distintos soportes (autobús urbano, taxi, autobús interurbano, barco o ferrocarril) «estén mejor coordinados y sean más limpios». Para estos objetivos, precisa, «será imprescindible establecer de antemano dos medidas transversales: cooperación interadministrativa y concienciación».

El mundo está lleno de buenas experiencias en materia de movilidad urbana. Ya se ensaya con autobuses eléctricos con carga inalámbrica, se consolidan iniciativas muy interesantes con coches compartidos y bicicletas públicas, también con los procesos de carga y descarga en el centro. Y ya en los ochenta la ciudad alemana de Friburgo creó un santuario residencial y de ocio libre de coches que estaba conectado con el centro solo mediante un tranvía y un carril bici. Es bueno mirar lo que se hace fuera, pero es mejor pensar antes si se adapta a las necesidades de una ciudad concreta. Y hay que acabar con las ocurrencias, sobre todo con las caras.

 

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