Isaías Medela es pastor y tiene 28 años: «As cabras son divertidas e moi agradecidas, non como as ovellas que son tristes»

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Isaías Medela, junto a su rebaño de cabras y a dos de sus perros, en Vilatuxe.
Isaías Medela, junto a su rebaño de cabras y a dos de sus perros, en Vilatuxe. Miguel Souto

Con tan solo nueve años ya tenía clara su vocación y trabaja a diario para garantizar su futuro: «Eu as cabras non as deixo, como se as teño que levar para a China»

18 may 2026 . Actualizado a las 11:01 h.

No había cumplido los 10 años, pero Isaías Medela ya tenía clara su vocación. «Cando fixen a primeira comuñón xa sabía que quería traballar cos cabalos ou coas cabras», recuerda el joven. Tras abrir una tienda de alimentación en Lalín, su padre y su abuelo decidieron comprar dos cabras y un castrón, y ese fue el primer paso de una aventura —y de un negocio— familiar que llegó hasta Isaías. Ahora, con 28 años, lleva desde el 2021 dedicándose profesionalmente al pastoreo. A su recaudo tiene 200 cabras, y junto a él trabajan su padre y su novia, Yaiza, de 20 años. «Empezamos a vivir xuntos en febreiro, pero xa levamos tres anos e ela sempre me axudou. Gústanlle moito os animais», cuenta.

La jornada de trabajo es larga. El despertador suena a las siete y media, y el día no termina hasta que dan las diez de la noche. «Eu non diría que é un traballo sacrificado. Sacrificado é o dos mineiros. Aquí o que se botan son moitas horas», explica con la pasión de quien disfruta con su trabajo. Cada día, Isaías y Yaiza buscan un nuevo terreno al que llevar a sus cabras. Nunca debe ser el mismo que el día anterior. «Hoxe viñemos a un careo e non volverán aquí ata dentro dunha semana», comenta mientras suenan truenos de fondo y advierte a su novia de que toca volver a casa. Los careos que tienen más cerca están a poco más de un kilómetro, pero algún día llegan a recorrer más de tres para que el ganado pueda tener un buen lugar donde pastar. Para ello, las fincas que les prestan algunos vecinos y los montes comunales de Vilatuxe, la parroquia de Lalín donde está radicada su explotación, resultan esenciales.

«Eu son feliz ao aire libre e traballando no campo», admite Isaías. Aunque ya de pequeño soñaba con su futuro como pastor, fue con 19 años cuando decidió que debía dar el salto definitivo. «Estiven uns meses nun serradoiro e non estaba mal, pero faltábame isto», recuerda. Su decisión no gustó a todo el mundo. «Os únicos que me apoiaron foron meu pai e meu avó paterno, porque xa tiveran un rabaño. O resto, miña nai entre eles, non vían nisto un futuro», comenta. Algunos de sus amigos y vecinos tampoco lo veían muy claro. «Pero eu vou seguir coas cabras ata que me xubile, ou aínda máis», asevera.

Además de los prejuicios que tuvo que derrumbar durante este tiempo en su entorno, Isaías reconoce que los inicios no fueron fáciles. A los pocos meses de empezar, unas 40 cabras del rebaño acabaron falleciendo. «Botamos moitas noites meu pai e eu sen pegar ollo porque non sabiamos exactamente que pasaba», recuerda. Con el paso de los días, y con la ayuda de la única agrupación de defensa sanitaria de ganado ovino y caprino que existe en Galicia —la ADSG Acivo— descubrieron que la fasciola y la hemoncosis, dos enfermedades parasitarias, eran las culpables de aquellas muertes.

«Foi un verán moi húmido, e ese é o gran problema que hai para as cabras aquí», explica el pastor. Pese a todas las dificultades, tiene claro que apostar por el ganado caprino fue todo un acierto. «Se as coidas ben, son uns animais moi agradecidos. Teñen menos enfermidades, danche máis produción de leite e teñen máis cabritos», enumera. No son las únicas ventajas que Isaías encuentra en trabajar con ellas. Si se decantó por las cabras, dice, es porque «son moi listas e moi simpáticas». Nada que ver, compara, con las ovejas, «que son moito máis tristes».

Si Isaías disfruta como pastor y aprendió a manejar bien a su ganado, es por el conocimiento que le transmitieron su padre y su abuelo, y también por las experiencias que tuvo en dos lugares con mucha tradición de pastoreo. Como «sensacional», de hecho, describe su viaje a Candeleda, un pueblo situado en la ladera abulense de la sierra de Gredos donde conoció a Maribel Sánchez, una cabrera que se ha convertido en un referente del sector a nivel estatal e internacional. «Fun alí para formarme, porque aquí a xente sabe, pero non tanto», cuenta Isaías, que se sorprendió todo el conocimiento que custodian en esa zona. «Alí hai máis tradición e levan xeracións e xeracións dedicándose a isto».

Poco después de estar en Ávila, el pastor de Vilatuxe decidió emprender otra aventura que lo llevó a Los Gallardos, una pedanía de la provincia de Almería donde llegó a trabajar con 700 cabras. «Teñen bos pastoreos e levei ben estar con todas elas, non houbo problema ningún», recuerda mientras apremia a sus cinco perros para que reúnan a las cabras y arranquen el camino de vuelta a casa. Sus mastines Rocky y Laika, los border collie Pizarro y Boni, y el pastor belga Turbo son otra pata fundamental de su explotación, que dedica a la venta de carne.

Isaías Medela y su novia recorren a diario varios kilómetros para encontrar un lugar de pastoreo para sus cabras.
Isaías Medela y su novia recorren a diario varios kilómetros para encontrar un lugar de pastoreo para sus cabras. Miguel Souto

«Aquí nesta zona hai moita demanda de cabrito e saen moi bos. A carne ten moito sabor», expone Isaías, que mantiene el contacto con otros cabreros de España a través de un grupo de WhatsApp en el que comparten preocupaciones y planes de futuro. «Eu recoméndolle a calquera que se dedique a isto, pero se ten claro que lle gusta e se pode aumentar o rabaño e ten bos pastoreos», sugiere. Habla la experiencia, y también el deseo de dedicar su vida a una profesión que carece de adeptos entre jóvenes como él.

UNA QUESERÍA

Junto a su padre y a su novia, el ganadero lucha ahora para hacer realidad un sueño que lo desvela desde hace años. «Queremos facer unha queixería e ampliar o número de cabezas, pero non nos deixan por temas de permisos», lamenta. Pese a tener las cortes y el resto de instalaciones preparadas y cumplir todos los requisitos que se necesitan, un problema con los lindes de la finca impide que la Administración dé el visto bueno a sus planes de futuro. Eso, sumado al reciente fallecimiento de su abuelo, hacen que Isaías, según él mismo reconoce, no esté pasando por su «mellor momento».

Pero aunque la burocracia se entrometa y sus sueños tarden más tiempo de lo previsto en cumplirse, Isaías se arma de paciencia y sostiene que nada lo frenará. «Eu as cabras non as deixo. Como se as teño que levar para a China», cuenta, agradeciendo la suerte que tiene de poder vivir en el ámbito rural, donde creció, y de poder dedicarse al pastoreo. «Aínda que hai momentos complicados, eu sempre penso en seguir mellorando e en buscar solucións», subraya. En julio cumplirá cinco años al frente de la explotación y esto es solo el principio. «Que me quero dedicar a isto dígoo todos os os días», concluye.