Llegó el momento de elegir... asignaturas

Más de 65.000 estudiantes de secundaria deciden en las próximas semanas sus estudios futuros

Todas las asignaturas de la nueva ley educativa (Lomce) Todas las asignaturas de la nueva ley educativa (Lomce)

redacción / la voz

Bachillerato o formación profesional. Ciencias o letras. Llega la hora de decidir para los más de 65.000 alumnos gallegos que están terminando segundo, tercero o cuarto de ESO. Según la edad de cada uno, las opciones van siendo más amplias, pero desde los 13-14 años los estudiantes españoles tienen que comenzar a perfilar su camino, que se va cerrando para quienes inicien el año que viene el bachillerato.

La primera decisión, que se toma al terminar segundo, puede ser esencial: Matemáticas difíciles o fáciles, es decir, bachillerato o FP. Si la familia tiene alguna ascendencia sobre el alumno, seguro que elige lo primero; pero si el estudiante va por libre o en su casa no se valoran especialmente los estudios, lo más lógico es que se decante hacia lo fácil. Y aunque aún así puede ir a bachillerato, lo normal es que deseche esa idea, que la vea lejana. También en segundo debe determinar si en septiembre hace Segunda Lengua Extranjera (habitualmente, Francés o Portugués) o Cultura Clásica; en este grupo tiene más tirón el idioma, y la Cultura Clásica, que es una previa del Latín, se queda para quienes ya le han echado el ojo a la lengua de Virgilio. Vuelve a ocurrir lo mismo: si en tercero no haces lengua extranjera resulta difícil que la elijas en cuarto o en primero de bachillerato.

Lo malo de tercero es, a juicio de profesores y no pocas familias, las trece asignaturas con las que cargan los alumnos. De estas, dos materias son de una hora semanal (Religión/Valores y Tutoría) y siete de dos horas, en las que apenas da tiempo a nada.

Cuarto, primer gran paso

La siguiente decisión, la que definirá 4.º de ESO, refuerza la anterior: vía FP o bachillerato. Pero si se elige esta última modalidad la encrucijada es también muy seria: ciencias o letras. Tampoco es vinculante, por lo que un alumno que prefiere Economía y Latín frente a Biología (y Geología) y Física (y Química) puede saltar al año siguiente hacia la opción contraria. Pero son pocos los que lo hacen. Lo normal es que esta primera alternativa vaya encaminando a los estudiantes hacia un bachillerato e incluso hacia una carrera determinada.

Es un buen momento para sentarse en familia y hacerse la pregunta que los orientadores consideran clave: «¿Qué me veo haciendo dentro de 10 años?». Hay quien opta por ciencias sí o sí para tener abiertas todas las posibilidades: es más difícil ponerse al día en Física que en Economía.

Como complemento, en cuarto se añaden nuevas bifurcaciones menores (los que quieren ir a sociales no eligen EPVA, vinculada al dibujo). En este caso, en las específicas, depende mucho del centro: los grandes ofrecen un abanico de posibilidades; los que solo tienen dos clases, en cambio, son más limitados, porque sin diez alumnos la Xunta (si es público o concertado) no les deja formar un aula. A veces los alumnos no pueden casi ni elegir sin cambiar de centro.

Finalmente llega el salto final, el bachillerato. Es menos difícil de lo que puede parecer porque, como se ha visto, ciencias o letras ya están decididas. Puede ocurrir que estudiantes de sociales duden entre este bachillerato y el de artes; les ayuda que esta modalidad de bachillerato es muy poco habitual.

Lo malo de una decisión en esta etapa es que sí tiene consecuencias: para matricularse en segundo de bachillerato hay que tener aprobada antes las de primero (en las asignaturas de dos años). Si a eso se le añade la selectividad (ahora se llama en Galicia ABAU) el problema se presenta en segundo: para presentarse al examen de acceso a la universidad el alumno tiene que aprobar por lo menos tres asignaturas más que sus compañeros (las correspondientes al primero de bachillerato no cursado). En esos casos el estudiante opta por terminar el bachillerato en tres años, que no es mala alternativa a estudiar algo que disgusta.

De la UAM a Navarra, la élite

Medicina en la UAM (Autónoma) aunque gana enteros en los MIR la Rey Juan Carlos, pública, de Alcorcón; ingenierías en la UPC (Politécnica de Cataluña); o ADE en la Carlos III. Cada carrera tiene una o dos universidades públicas de referencia nacional, y varias privadas. Entre estas, Navarra, los Jesuitas (en sus versiones Deusto, Pontificia de Salamanca o Icade en Madrid) y la catalana Esade-Ramón Llul. Solo la élite (académica, económica o las dos) puede soñar con cursar algunos de estos títulos.

Ingenierías y biociencias, las carreras con más salidas

La salida laboral es uno de los factores que muchas familias miran con lupa a la hora de decidir qué van a estudiar los jóvenes. Aunque los orientadores aconsejan que cada alumno se decante por lo que le apasione, muchas veces ni siquiera sabe qué le gusta y qué no. En esos casos, las posibilidades de encontrar empleo son un elemento más a tener en cuenta.

Mirar los estudios que hay sobre el asunto es una forma sencilla de hacerse una idea. Por ejemplo, según los datos del INE, pueden cursar en Galicia una carrera sin paro: Ingeniería Automática y Electrónica Industrial tenía pleno empleo y una nota de corte de 5. En este caso, el problema no es entrar, si no terminar. En Medicina el paro es residual, pero lo malo de las carreras de ciencias de la salud es que tienen una media de acceso muy alta, en ocasiones casi imposible (como Medicina y su mínimo de 12,278). En cambio, la ingeniería informática ofrece unas cifras aceptables: menos de un 4 % de paro y sin llegar al 10 para entrar (según el 2016) con plazas en A Coruña, Santiago y Ourense.

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