La tranquilidad compensa al coche

M. C.

EDUCACIÓN

La escasa conflictividad que reina en el instituto de Baio, en Zas, anima al profesorado a permanecer en el centro pese a estar a setenta kilómetros de su hogar

07 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Unos 140 kilómetros diarios. Ese es el viaje que realizan cada día María del Carmen Sánchez y Julia Losada, para ir al trabajo. Viven en A Coruña, pero dan clase en el instituto de Baio, el Maximino Romero, un centro que se levanta en el interior de la Costa da Morte. Ni a María del Carmen, la directora, ni a Julia, la jefa de estudios, les pesa la distancia. Tampoco a María del Carmen Fernández, ni a Pilar Otero, sus compañeras en la junta directiva, les importa. «Hai moito mestre que prefire estar traballando a maior número de quilómetros de onde vive, para estar tranquilo. Outros profesores comentan cómo é o día a día no seu centro, e claro, prefires estar tranquilo», explica la directora. Por eso son muchos los que en el momento en el que se convocan los traslados, lo piensan dos veces antes de pedir un cambio.

El de Baio, donde imparten enseñanza secundaria obligatoria (ESO), bachillerato y varios ciclos formativos para alumnos de Zas, Cabana, Laxe o Vimianzo, es un centro tranquilo. A Julia le resulta complicado recordar faltas graves entre el alumnado. Incluso recuerda que lleva ya cinco años en el puesto, algo que no es habitual en muchos centros porque, añade, la gente no suele aguantar. «Estoy mirando los últimos partes que hemos hecho. Son por causas que en otro centro igual pasan desapercibidas», explica.

Repasa los informes y lee algunas de las razones: «''Toda la clase charlando''. ''Tiene falta de atención en clase''...». Cuando los alumnos acumulan tres partes, la comisión de convivencia comienza a trabajar. «Lo habitual es que tengan que hacer algún trabajo...», apunta.

Con todo, es partidaria de que los conflictos sean resueltos ya en el aula. «La figura de la jefa de estudios no puede quemarse. Cuando abusas mucho del ''vas a la jefa de estudios'' es contraproducente porque llega un momento en el que ya no quedan argumentos», comenta.

Pero lo que ocurre en la clase es un espejo de lo que sucede en casa. El entorno es algo fundamental. «He dado clase en la ciudad. En el rural, en general, hay una mayor implicación de la familia, que tiene mucho respeto al docente. Es extraño que al telefonear por algo no haya alguien. El alumno lo sabe. Eso hace que lo piense dos veces antes de cometer alguna imprudencia. En las ciudades, donde las familias no son tan amplias, es extraño hallar gente porque lo normal es que estén trabajando».

Toda la teoría la argumenta con un ejemplo: «Una vez llamamos al hogar de un alumno porque tenía una falta que no estaba justificada. Rápidamente vino la familia. Estaban muy enfadados. ''Esto no vuelve a ocurrir''», confirmaron. Pero es cierto que aquí, comenta, «el absentismo es una anécdota. No tienen tampoco adonde ir como en la ciudad».