UPTA reclama un plan para sacar de la pobreza a 30.000 autónomos gallegos, buscándoles empleo asalariado

G. L. REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

PACO RODRÍGUEZ

La organización cifra en 500.000 los pequeños empresarios españoles que sacan menos dinero en sus negocios del que obtendrían trabajando por cuenta ajena

08 ene 2026 . Actualizado a las 15:24 h.

Tener un negocio no garantiza llevarse a casa un sueldo digno. Así lo denuncian desde la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), que alertan de que solo en Galicia hay casi 30.000 autónomos (29.856, por ser precisos) que malviven con rendimientos netos de su actividad por debajo de 900 euros mensuales —en el conjunto de España, la cifra supera el medio millón—, «una situación que evidencia el crecimiento de un colectivo cada vez más amplio de autónomos pobres: personas que, pese a trabajar intensamente, no alcanzan ingresos suficientes para vivir con dignidad ni para garantizar su futuro».

Una situación que desde la organización que preside el gallego Eduardo Abad achacan a unas políticas de fomento del autoempleo —como la tarifa plana, ayudas al inicio de actividad e incentivos públicos, entre otras— que, aplicadas de manera indiscriminada, han generado unas expectativas infundadas y «han empujado al régimen de autónomos a personas sin un proyecto definido, sin estructura ni competencias necesarias para generar un negocio viable». En este contexto, subrayan un dato especialmente relevante: más del 60 % de los autónomos acogidos a tarifa plana declaran rendimientos de trabajo inferiores a los 700 euros mensuales, «lo que demuestra que esas iniciativas no generan actividades económicas sostenibles, sino que empuja a la precariedad a personas que nunca debieron asumir ese riesgo».

Una situación que ponen en contraste con la de los asalariados en un mercado laboral en fase expansiva: «Mientras miles de autónomos, que proceden mayoritariamente del sector del pequeño comercio, sobreviven con ingresos insuficientes, el mercado laboral atraviesa una etapa de crecimiento. Aunque los salarios no son elevados, los sueldos mínimos del empleo por cuenta ajena son, de media, al menos 500 euros superiores a los rendimientos que declaran cientos de miles de autónomos».

Por ello, desde la organización urgen a las Administraciones con competencias en materia de empleo (tanto el Gobierno central como los ejecutivos autonómicos) a «articular mecanismos reales de apoyo para la salida ordenada del autoempleo», de forma que estos pequeños empresarios que no sacan de su negocio lo suficiente para vivir reciban ayudas para buscar empleo asalariado mejor pagado. «Para ello, proponemos que el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) impulse un sistema, trasladable a todas las comunidades autónomas que, mediante programas específicos de orientación laboral individualizada, recualificación profesional y acreditación de competencias, permita a estos trabajadores transitar hacia empleos asalariados acordes con su experiencia y capacidades», detallan.

Para UPTA, impulsar estas medidas «no es una renuncia al apoyo al trabajo autónomo, sino un ejercicio de responsabilidad con las personas trabajadoras autónomas. Defender la dignidad del trabajo implica reconocer cuándo un proyecto es inviable y ofrecer alternativas reales y seguras. Apostar por un autoempleo de calidad también significa ayudar a cerrar etapas precarias y abrir nuevas oportunidades laborales que garanticen estabilidad, derechos y salarios suficientes».

Eduardo Abad, presidente de UPTA, señala que «los datos demuestran que estamos bonificando pobreza en lugar de ayudar a consolidar actividades viables. La tarifa plana y otras políticas de impulso indiscriminado al autoempleo se están utilizando, en la práctica, como una vía para maquillar las cifras de desempleo. Se empuja a miles de personas a darse de alta en el RETA sin garantías de viabilidad y, en lugar de crear empleo real y sostenible. Se está condenando a estas personas al fracaso personas a contraer deudas y a iniciar actividades que no les reportan ni el mínimo imprescindible para vivir. Esta realidad supone un fracaso estrepitoso de la política de fomento del autoempleo de la última década».