Pedir las facturas en Italia tiene premio

Los ciudadanos que soliciten recibos con IVA podrán participar en sorteos para ganar hasta 50.000 euros


redacción / la voz

Los italianos se fían más del azar que de sus políticos y gestores. Prefieren jugársela a la lotería que pagar abultados tributos con sus menguantes salarios para financiar servicios públicos fantasma que nunca llegan a disfrutar. Es un hecho incontestable.

La brecha en la recaudación del IVA en el país alpino alcanza el 23,8 %, una de las más altas de la Unión Europea. En algunas regiones meridionales del país, la cifra supera el 60%. Su primer ministro, Giuseppe Conte, quiere acabar con la picaresca del impuesto sobre el valor añadido y con la eterna pregunta: «¿Con recibo o sin recibo?». Y para lograrlo ha echado mano de una técnica tan infalible como controvertida: jugar con la ilusión y la esperanza de los italianos de hacerse ricos y tapar agujeros. Las autoridades quieren hacer aflorar el denaro sporco.

El cebo que ha puesto Conte para que los ciudadanos piquen el anzuelo son tres premios mensuales de lotería de 50.000, 30.000 y 10.000 euros a los que se podrá optar con los tiquets expedidos en cada operación comercial. Las facturas del fontanero, el electricista o las cuentas de los restaurantes y hoteles estarán vinculadas a un número de identificación personal. Cuantos más resguardos acumulen los italianos, más opciones tendrán de que les toque un pellizco.

La idea no es nueva, como tampoco lo es el fraude del IVA, una actividad de gran solera mundial. Se remonta a mediados del siglo XX, cuando las autoridades de Taiwán decidieron poner en marcha un sorteo abierto al público para acabar con la economía sumergida. El experimento fue un éxito: lograron aumentar la recaudación fiscal del IVA en un 75 % solo durante el primer año de vida.

Ahora bien, ¿cosechará el mismo éxito en Italia? La arraigada tradición en el país mediterráneo de sortear a la Agencia Tributaria a cualquier precio inclina a algunos expertos a creer que no. La Comisión Europea señala en uno de sus informes que «en muchos países es una norma social no pedir recibos», así que la réplica de este modelo podría tropezar.

 Populismo

Algunos expertos sostienen que la medida es ineficaz. Populismo y electoralismo en estado puro. Eso sostuvo el profesor de Crecimiento Económico de la Universidad La Sapienza de Roma, quien aseguró a Colpisa que es una idea de «un país subdesarrollado», orientada al impacto político y mediático. En la práctica sería mucho más efectivo y progresivo que las familias pudieran deducirse ciertos gastos. Las cifras así lo indican. Y el ejemplo más claro es Malta.

El país insular fue el primero en la UE que probó suerte con este sistema lúdico de recaudar impuestos. Lo hizo en el 1997 y fue un sonoro fracaso. Diecisiete años después, su brecha del IVA ascendía al 29 %, de los más altos del bloque. Las tornas cambiaron en el 2015, cuando ese porcentaje descendió de forma dramática al 7 %. ¿Magia? No. Las autoridades introdujeron gastos deducibles.

Eso fue lo que hizo Portugal en el 2014 y funcionó a las mil maravillas. «Ibas a un restaurante o a un hotel y podías deducir el gasto hasta cierto límite en el IRPF. Eso generó un incentivo para solicitar las facturas», explica el profesor de Economía Aplicada de la USC, Miguel Ángel Vázquez Taín. A pesar de todo, considera que esta idea peregrina no es propia de un sistema tributario moderno y rechaza introducirla en España: «Cualquier iniciativa de esas es poco seria, no la veo apropiada. Lo que tiene que haber es concienciación ciudadana», sostiene. Ambos coinciden: la lucha contra el fraude debería ser una tarea seria, no un arma electoral.

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