La industria gallega compra en Portugal el textil técnico más avanzado de Europa

La innovación lusa revoluciona los tejidos para el automóvil, el deporte de élite o el ejército


Un vestido de novia que se ilumina en la oscuridad solo con presentir calor humano a dos metros de distancia, y que responde a una aplicación en el móvil para ir cambiando de color, es la carta de presentación más kitsch de la revolución tecnológica del textil que Portugal está abanderando en Europa.

Dice el sector luso, siempre autocrítico con sus complejos de inferioridad, que los portugueses no saben venderse. Y parte de razón tiene, porque ese vaporoso amasijo de tul fluorescente con el que acuden a todas las ferias tecnológicas como carta de presentación es el producto más pintoresco de una potente estructura de innovación montada en torno al textil luso para proveer innovación y soluciones a sectores tan dispares como las industrias del automóvil y aeroespacial, el deporte de élite, las fuerzas de seguridad y defensa y, por supuesto, la moda.

De Phelps a Usain Bolt

El campamento base de lo que los portugueses llaman el textil del futuro se localiza en Vila Nova de Famalicão, a mitad de camino entre Braga y Oporto, a apenas 55 kilómetros de la frontera con Galicia. Es el Citeve (Centro Tecnológico das Indústrias Têxtil e do Vestuário de Portugal). De sus laboratorios salió el traje de baño encargado por Speedo con el que Michael Phelps ha sido tantas veces olímpico, o las mallas con las que compitió durante años el velocista Usain Bolt.

Cuestiones reglamentarias al margen, estos equipamientos elaborados con fibras de alto rendimiento fueron el motor de una producción, la del denominado textil técnico, que en estos momentos supone el 10 % del total de las exportaciones de todo el textil luso, y alrededor de 500 millones de facturación.

Al Citeve acuden empresas textiles de todo el mundo, especialmente de Europa, y muchas de estas firmas son gallegas, aunque la confidencialidad se impone a la hora de desvelar identidades.

Amplia cartera de clientes

«Trabajamos para la industria, tenemos una cartera de 1.100 clientes que compran nuestras innovaciones o acuden a pedir soluciones para productos muy concretos», afirma António Amorim, presidente del Citeve, centro proveedor de tecnología para el textil gallego -al margen de Inditex, que cuenta con su propia infraestructura de innovación-, pero también de la automoción (proveedores de interiores). Allí acuden para patentar o testar nuevos tejidos y obtener certificaciones.

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Hubo un tiempo en que a Portugal se iba a comprar toallas y sábanas de franela. Aquel gallo que estampaba trapos de cocina y bolsas para el pan hoy saca pecho en el corazón de Barcelos, el centro neurálgico de la industria textil lusa, convertido en pintoresco monumento de un negocio que facturó el récord de 7.500 millones de euros en el 2017, y cerrará el presente ejercicio pulverizando esa marca.

Podría haberlo hecho ya, pero no da abasto. Faltan manos y capacidad de producción para dar salida a un volumen inédito de pedidos que llega fundamentalmente de Europa, pero no solo. De Inditex, Etam o Bimba y Lola (España) a H&M (Suecia); de Victoria Beckham a Paul Smith (Reino Unido); de Moschino (Italia) a Kenzo (París), de Hugo Boss (Alemania) a Victoria’s Secret (EE.?UU.). La nómina de marcas confeccionadas en Portugal es interminable, y la clave no está -o no solamente- en el precio.

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El recorrido por los laboratorios de este centro puntero en Europa da muchas pistas de por dónde va el futuro. «Fuimos pioneros en patentar una microcápsula que impide el mal olor de la ropa; el paso siguiente será el selfcleaning o autolimpieza de las prendas», dice António Amorim, director del Citeve. De esa parte se encarga el Centi, la división de nanotecnología, inmersa en un proyecto europeo, en el que participan 5 países, para desarrollar tejidos cosméticos funcionales, que incorporan nanocápsulas de base natural.

Con un presupuesto de 3,2 millones de euros, la misión es conseguir prendas que se adapten al clima y garanticen el confort térmico o que desprendan sustancias activas para la piel, como aceites esenciales, vitaminas y antioxidantes. Los maniquíes de este centro tecnológico están cubiertos de cables. En una cabina, los técnicos evalúan una prenda para la práctica de montañismo que previene los peligros del enfriamiento de las extremidades. Su tejido incorpora sensores que alertan cuando la temperatura de las manos desciende por debajo de los mínimos de seguridad.

En la misma sala se testa un abrigo que reacciona a la temperatura cambiando de color. Basta un leve tacto de manos para comprobar el cambio de tonalidad.

El soldado del futuro

Otra de las áreas de negocio en las que se enfoca la tecnología textil portuguesa es la defensa. Un ala del centro es una especie de laboratorio de ideas dedicado al desarrollo de equipamientos para el soldado del futuro. En este búnker trabajan investigadores, científicos y soldados de los países miembros de la OTAN.

«El Citeve es hoy un organismo reconocido por las entidades nacionales e internacionales como un centro de investigación del área militar», explica Amorim. El objetivo es llevar la funcionalidad de la ropa al extremo, crear soluciones cada vez más finas y ligeras, con propiedades múltiples de protección individual, y dotadas con tecnología de comunicación y geolocalización.

«El potencial es inmenso», afirma António Amorín. Asegura que «el futuro del sector textil luso tiene que estar en los productos tecnológicos y ecológicos, dos propiedades que se están convirtiendo en la carta de presentación de las grandes empresas de Portugal».

El tren que perdió el sector gallego, tras el frustrado intento de crear un centro tecnológico

En el año 2009, cuando la crisis económica empezaba a enseñar la patita pero nadie podía imaginarse la fiereza con la que iba a acabar atacando, el sector textil gallego se lanzó a la aventura de la innovación, impulsado por la Administración gallega del bipartito.

En febrero de ese año, lo mejorcito de la industria, encabezado por Inditex, Adolfo Domínguez, Sociedad Textil Lonia, Roberto Verino, Caramelo y Bimba & Lola, junto con algunos socios de fuera de la comunidad, como Pikolinos o Etam, la antigua Cortefiel, firmaron el acta fundacional del Centro Tecnolóxico Textil de Galicia.

El organismo, ubicado en los terrenos del Parque Tecnológico de la Universidade de A Coruña, situado en el Campus de Elviña, celebró la primera asamblea del patronato y poco más duró la aventura tecnológica, con la que la industria gallega quería posicionarse fuerte en la I+D+i.

La crisis acabó con las expectativas. Sin ayudas de la Administración y con las empresas volcadas en contener las pérdidas de un desplome del consumo sin precedentes, el Centro Tecnolóxico Textil de Galicia se apagó sin que nadie lo echara de menos. Solo Inditex tuvo pulmón suficiente para impulsar la innovación tecnológica en el sector, pero al margen del proyecto sectorial. Hoy la compañía gallega, líder global del textil de gran consumo, es referente mundial, pero en solitario.

Inversión en solitario

El propio presidente del grupo, Pablo Isla, destacó en una de las últimas presentaciones de resultados que en los últimos cuatro años Inditex ha invertido cerca de 1.000 millones en tecnología para hacer realidad gran parte de sus innovaciones, por sí mismos o junto a otros equipos internos o externos. «En ocasiones se colabora con otras empresas gallegas para la aplicación de mejoras en sus tiendas alrededor del mundo», explican en el sector.

En menor medida, otras empresas también hacen labor de innovación en solitario. Es el caso de Selmark, con sede en O Porriño. De su departamento de I+D+i han salidos productos innovadores, como el desarrollado en colaboración con el Grupo Español de Pacientes con Cáncer (Gepac). El resultado es Selmark Care, una nueva línea de productos de corsetería destinada a aquellas mujeres en procesos de recuperación tras padecer un cáncer de mama.

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