Mucho ha cambiado la ciencia y muy poco la economía. Los medicamentos de antes nada tienen que ver con los de ahora. Al contrario sucede con los problemas sociales, que se repiten en el tiempo sin que nadie lo remedie
17 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.«Elixir Kanthó para neurasténicos, asténicos, anémicos, debilitados fosfatúricos, pretuberculosos, agotados, convalecientes y viejos prematuros». Así se especificaba en el prospecto y así se anunciaba en las páginas de La Voz de Galicia a principios de siglo, cuando las farmacias hacían publicidad de sus productos. Como aquellas amas de cría que tenían «la mejor leche de la ciudad». Eran otros tiempos, sin duda, pero hay situaciones que se perpetúan. Por ejemplo, el elixir en cuestión costaba en ese momento 6,50 pesetas (lo pueden comprobar en la foto), una cantidad que si la trasladamos a día de hoy superaría las 400 pesetas, lo que significa una subida de más del 5.000 %. Este cómputo se realizó utilizando la calculadora de actualización de rentas con el IPC general del Instituto Nacional de Estadística, que aunque no se remonta más allá de 1954 nos permite hacer un cálculo aproximado.
¿Quién podría adquirir en aquel momento esta medicina «a base de nucleina, glicerofosfatos, ácido fosfórico, arseniato de estrignina y corteza de naranjo? Solo los denominados ciudadanos pudientes. Nadie más. Lo mismo ocurriría hoy si Hacienda no fuésemos todos y los medicamentos no fuesen costeados, en su mayor porcentaje, con dinero público. El elixir Kanthó estaba preparado en los laboratorios del doctor Vinyals, en Cataluña, donde en la actualidad los farmacéuticos se ahogan en créditos, pendientes de que la Generalitat les abone el gasto de los medicamentos. Como excusa, esta le echa la culpa del impago al Gobierno central porque no le traslada los recursos económicos solicitados. En este pim-pam-pum puramente político,no es la primera vez que el ministro de Hacienda, ahora en funciones, acusa al Ejecutivo catalán de utilizar recursos públicos en veleidades independentistas. El caso es que o el importe del fármaco lo adelanta el farmacéutico o el enfermo se queda sin tomarlo, a no ser, que sea rico.
«Es raro el caso de enfermedad crónica para la que el Elixir Kanthó no pueda estar indicado. Obra sobre el estómago aumentando su riqueza fermentativa, siendo un excelente medio para combatir la falta de apetito y la atonía del tubo digestivo, al tiempo que es capaz de impedir las fermentaciones anormales y las distensiones y dilataciones de dicho órgano». Toda esta parrafada se especifica en un prospecto de la época, que con ojos del año 2016 da la impresión de ser más un folleto comercial que un documento informativo sobre la composición de la sustancia.
Mucho ha cambiado la ciencia y muy poco la economía. Los medicamentos de antes nada tienen que ver con los de ahora. Al contrario sucede con los problemas sociales, que se repiten en el tiempo sin que nadie lo remedie. Lo mismo ocurre con las enfermedades: artritis, obesidad, cálculos de hígado y de riñón, reumatismos, gota, diabetes, asma, etcétera, etcétera, etcétera. Así concluye otro de los prospectos de un producto que, según reza, «no deben olvidar ni el médico ni sus clientes».