Fracasos históricos, indemnizaciones de oro

Las millonarias compensaciones de la excúpula de Abengoa, bajo la lupa de la Justicia, reavivan el debate sobre los blindajes de los altos ejecutivos que llevan a sus empresas al precipicio


redacción / la voz

Abengoa tiene muchas papeletas para acabar convertida en protagonista de la mayor quiebra de la historia empresarial española. Y accionistas, bonistas y empleados tendrán que pagar los platos que otros rompieron. No son ellos los responsables del monumental fiasco gestado durante años en los cimientos del gigante andaluz de las energías verdes. Pero, no importa. Cargarán con las consecuencias.

Mientras, y antes de que todo estallara, los verdaderos responsables del fracaso pusieron pies en polvorosa. Y con indemnizaciones millonarias en sus bolsillos. Ahí están los 11,48 millones de euros que se embolsó Felipe Benjumea, el expresidente de la compañía. Tras 25 años al timón, tuvo que dejar la empresa a toda prisa el pasado 24 de septiembre. Los bancos acreedores no lo querían allí. Pero, claro, ese «cese anticipado de actividad» tuvo su compensación. Paracaídas de oro los llaman. ¡Y tanto! . Un premio a su buen hacer: la compañía adeuda a la banca la friolera de casi 9.000 millones. A los que hay que añadir los 5.000 que les debe a los proveedores y los 2.700 que acumula en bonos y obligaciones. Amén de arrastrar unas pérdidas de casi 200 millones en los nueve primeros meses del año.

Pero, Benjumea, no fue el único agraciado. Manuel Sánchez, el consejero delegado que dejó la firma andaluza «por motivos personales» en mayo pasado, se fue con 4,48 millones en la cartera. Y tiene pendiente de cobro otros 3,3 millones por «cumplimiento de objetivos».

Pero, puede que no se vayan de rositas. Y eso porque la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela ha admitido a trámite la querella por administración desleal presentada por dos bonistas de Abengoa contra Benjumea y Sánchez. Y les ha exigido que depositen sendas fianzas, de 11,5 y 4,5 millones de euros, respectivamente. Lo mismo que se embolsaron al dejar la compañía.

Las de Abengoa son las últimas indemnizaciones millonarias que han indignado a la ciudadanía. Y al Gobierno. De «poco presentables» las ha calificado el ministro de Economía, Luis de Guindos. Pero, hay más. Y, en Galicia sabemos mucho de eso. Los ecos de las sonrojantes compensaciones que se llevaron algunos de los más destacados miembros de las cúpulas de las antiguas cajas aún resuenan en los oídos de los gallegos. Otro de los casos más recientes tiene como protagonista a Javier Monzón, el hombre que llevó las riendas de Indra durante más de veinte años y, en su día, uno de los ejecutivos más poderosos del club del Ibex. Salió de la multinacional tecnológica y de defensa en enero. Con 16 millones de euros y la presidencia de honor en la mano. Y eso que la compañía había tenido que provisionar casi mil millones por distintas operaciones iniciadas bajo su mando y que acabaron en fiasco. Meses después, en noviembre, se supo que Monzón había contratado un avión para sus viajes del que nada sabían en las altas esferas de la multinacional. El cese fue fulminante, Pero la indemnización no ha salido de su bolsillo.

Ampollas levantó también en su día la compensación que recibió Baldomero Falcones cuando abandonó Fomento de Construcciones y Contratas. Eso fue a comienzos del 2013. Para endulzar su salida, le dieron 7,5 millones de euros. La compañía cerró ese ejercicio con unas pérdidas de 1.500 millones de euros. Ahí es nada. Como en el caso de Indra, hubo que sanear las deudas y las inversiones fallidas de varios años atrás.

Un fraude muy rentable

Y no solo en España se cuecen esas habas. Basta echar un vistazo a la humareda -valga el juego de palabras- que ha levantado en la Alemania los suculentos emolumentos del expresidente del grupo Volkswagen -contra las cuerdas por el monumental fraude de las emisiones de sus vehículos- Martin Winterkorn. Acumula una pensión de 28,6 millones y seguirá cobrando su sueldo hasta finales del 2016. Les resulta más barato que pagarles la indemnización: dos años de remuneración. En el 2014 ganó la friolera de 16,6 millones.

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