Sobre las cuentas de Galicia

Albino Prada
Albino Prada CELTAS CORTOS

ECONOMÍA

19 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Lo increíble del escenario que dibuja la Xunta para el 2014 no es que crezcamos una décima más que el conjunto de la economía española. Lo increíble es que el conjunto de España (incluida Galicia) crezca cerca del uno. Increíble incluso para el Fondo Monetario Internacional. Y lo es porque mientras la demanda nacional siga congelada, la demanda externa por sí sola no va a poder hacer que nuestras economías remonten.

Y mientras no superemos con mucha claridad esa barrera del 1 %, todo seguirá siendo deprimente. Tanto, que al conjunto de la sociedad solo le quedará soñar con que a causa de algún sortilegio un día escampe. Seguirá siendo cero la creación de empleo y el desempleo solo bajará unas décimas por el efecto desánimo más emigración. Y seguirán en caída libre los ingresos públicos por más que persigamos al contribuyente por las gasolineras.

Eso sí, la Xunta quiere ser un alumno aventajado en el cumplimiento de un objetivo de déficit que es la cuarta parte del nivel que el Estado se reserva para sí mismo (-1 % frente a -3,7), y todo para pagar religiosamente los 36.600 millones de intereses que los acreedores blindaron con una reforma constitucional. Los mismos acreedores que antes inflaron la burbuja financiero-inmobiliaria y, acto seguido, abocaron al país a una depresión interminable.

Porque, si el reparto de aquel objetivo de déficit no fuese tan escandalosamente asimétrico, la Xunta no tendría porque congelar año tras año los recursos destinados a los servicios públicos y sus propios gastos de inversión. Y es por esa vía que seguirá empujándose a que una parte creciente de la sociedad crea que un plan privado de pensiones, un seguro médico privado o un colegio de pago son la solución a la debacle de todo lo público.

La salida de esta espiral de estancamiento que lleva a más recortes, que luego llevan a más caída de la actividad y del empleo, solo parecen disfrutarla los tiburones en intereses de la deuda pública, en gangas bursátiles, del FROB, del banco malo o en concursos de acreedores. Lo que se llama terapia de shock.