Chipre, frente al abismo de la bancarrota, y Europa, ante el precipicio de la ruptura del euro
21 mar 2013 . Actualizado a las 12:52 h.El rescate de Chipre, una pequeña isla del Mediterráneo que apenas representa el 0,2 % del PIB de la eurozona, ha reabierto la caja de los truenos y puesto otra vez al euro en el disparadero. El ilustrativo rechazo total del Parlamento chipriota al plan de rescate diseñado por el Eurogrupo coloca al país al borde del abismo de la bancarrota; y a sus socios europeos, en el mismo sitio al que en su día los arrastró Grecia: ante el precipicio de la ruptura del euro, completamente desbordados por un rescate aparentemente pequeño (17.000 millones), pero gigantesco en consecuencias.
Unos y otros están condenados a entenderse. Por la cuenta que les trae, y por mucho que Europa se haya empeñado durante las últimas horas en echar balones fuera, dejando la pelota en el tejado de Nicosia.
Ante la pregunta del ¿y ahora qué? los analistas manejan tres escenarios.
El más probable
Renegociación de los términos de la ayuda europea. En ello andan enredados los líderes políticos chipriotas. Buscan contra reloj fórmulas para suavizar el feroz rescate que le impusieron sus socios tras la maratoniana reunión del sábado. Están obligados a presentar una alternativa «preferiblemente sin gravar los depósitos por debajo de 100.000 euros», dicen en Bruselas.
Y desde Alemania les recuerdan las líneas rojas: que tienen que poner sobre la mesa los 5.800 millones que se le exigen como contribución al rescate (aquellos que, según el plan inicial, procederían de la polémica confiscación de ahorros) y que para conseguir el dinero no pueden endeudarse más de lo que ya lo están. Lo que en el cargante lenguaje europeo se llama «mantener la deuda en niveles sostenibles». Eso y, desde luego, empequeñecer su gigantesco sistema financiero.
Y ¿de dónde va a sacar el dinero si no es metiendo la mano en los ahorros? Pueden tocar impuestos como el IRPF, el IVA o el de sociedades, como todo hijo de vecino en esta crisis. Y puede también recurrir a otras vías como los fondos de la Seguridad Social o los de la Iglesia.
El menos probable
Un club del euro sin Chipre dentro. Es la opción menos deseable, se mire por donde se mire. Para los chipriotas, desde luego, y, también, para el conjunto de la eurozona. Y mucho más para los más vulnerables, como España e Italia. Si Chipre deja la moneda única, adiós a la «irreversibilidad del euro» de la que tanto habla el Gobierno de Rajoy cuando de espantar el fantasma del rescate se trata. El abandono chipriota tendría consecuencias impredecibles para el resto del club. Y ninguna buena.
El que no quiere europa
El amigo ruso. Nada del agrado europeo resultaría que, para salir del atolladero, Chipre acabara arrojándose a los brazos de Rusia, importante socio comercial y estratégico de la isla y con una millonada depositada en las cuentas de los bancos chipriotas, buena parte de ella de dudosa procedencia. Nicosia se ha mantenido a flote en los últimos meses gracias en buena medida a un préstamo del Kremlin de 2.500 millones. Las relaciones entre ambos países son tan estrechas que en algunos casos se ha calificado a la isla de caballo de Troya ruso dentro de la Unión.
Putin podría evitar el sablazo a sus ciudadanos y, de paso, obtener una posición privilegiada en la explotación de las gigantescas reservas de gas descubiertas en aguas chipriotas. Incluso, ya se barajan algunos planes de cómo podría ayudar Rusia a su pequeño aliado. Según el Financial Times, Gazprombank, el brazo financiero del coloso energético, podría adquirir y recapitalizar Laiki, la segunda mayor entidad chipriota, informa Colpisa. Esta opción aliviaría notablemente las estrecheces del país, aunque abriría un difícil debate sobre su pertenencia a la moneda única.
De momento, el ministro de Finanzas chipriota, Mijalis Sarris, salió ayer con las manos vacías de las reuniones que mantuvo en Moscú con su homólogo ruso y con el viceprimer ministro, Ígor Shuválov. Pero, la cosa no acabó ahí. Seguirán negociando.