Los consumidores tienen la sensación generalizada de que la entrada en vigor del euro ha llevado consigo una fuerte subida en el coste de la vida.
13 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.El último dato de IPC habla de una rebaja de los precios como consecuencia de las rebajas, pero lo cierto es que la evolución de los últimos meses indica que la vida ha subido. Y, más allá de las estadísticas, también lo afirma la gente. Cumplido ya más de medio año de existencia de la nueva moneda, en la calle la sensación generalizada es que, ahora, con el mismo dinero de antes, se compran menos cosas. Las grandes cifras macroeconómicas, los porcentajes, son números fríos, poco ilustrativos. Sin embargo, constituyen el compendio y el sumatorio de miles de comportamientos individuales. Los consumidores se quejan de los precios, pero la mayoría de establecimientos no reconoce haberlos subido. Una sola mañana en la calle sirve para desmentirlo. En el bar Azul de Santiago, un cortado y un agua cuestan 1,80 euros (299,4 pesetas): 0,95 cada consumición. Preguntado el camarero por los precios de noviembre del 2001, éste contesta que, desde entonces, el café se ha incrementado cinco céntimos, lo mismo de todos los años. Y añade que la subida de su establecimiento no es nada comparado con la de otros de la ciudad, «donde han pasado de 0,75 euros (125 pesetas) a los 0,95». Los productos básicos Después del desayuno, se puede comprobar que el precio del tabaco resulta prohibitivo. Y puertas afuera, cerca de un supermercado, Rosa Lodeiro, ama de casa de 54 años, protesta por el encarecimiento de productos básicos de alimentación. Según sus cálculos, los lácteos han experimentado un alza que no se corresponde con los incrementos medios de los últimos años. «Hay cartones de leche en los que la subida es casi de 20 pesetas», se lamenta. El responsable de ese establecimiento de alimentación, en cambio, niega que se hayan registrado subidas con el euro y atribuye el alza a las decisiones de las grandes compañías de encarecer los productos que venden. Al filo del mediodía, en un bar cercano a la zona turística de San Francisco, la propietaria declina valorar el redondeo de precios. Pero un cliente, S.L, de 49 años, advierte de un cambio importante en el coste de las cosas. Por una copa de Rioja pagaba antes de la entrada en circulación de la nueva moneda 225 pesetas y ahora, según dice, le cobran dos euros, es decir, 320 pesetas. A lo largo de la jornada, también se constata que, a excepción de las grandes cadenas de ropa y de calzado, muchos comercios ya sólo indican el importe de los artículos en euros y no mantienen el doble etiquetado para que el consumidor sepa exactamente cuánto paga. Lavar el coche, el doble Por la tarde, en una gasolinera, vuelve a percibirse el efecto inflacionista del euro. Muchas máquinas por tiempo para aspirar y lavar el vehículo funcionaban antes con monedas de 100 pesetas y ahora lo hacen con las de euro. Es decir, que por el mismo servicio, se paga ahora 0,4 euros más (66 pesetas). Luis Rodríguez, 32 años, advierte de que, ahora, para adecentar el vehículo casi tiene que gastarse el doble que antes. Pero una de las subidas de precios más sonoras se encuentra en casi todos los establecimientos de la zona de copas y vinos. Las bebidas combinadas de alcohol y refresco que antes estaban a 500 pesetas, se encuentran ahora a cuatro euros (664 pesetas). Resultado: los usuarios de muchos pubs de Santiago pagan por cada copa 164 pesetas más que antes de la entrada en circulación del euro. ¿Cual es el motivo esgrimido por los hosteleros para explicar este redondeo al alza en los precios? Facilidades para dar el cambio a los clientes. Una deferencia que lo único que consigue es vaciar los bolsillos.