Un supermercado, una fábrica de cueros y un taller eléctrico. Son los tres únicos comercios que secundaron la huelga en Arzúa. Bueno, a ellos puede añadirse un local con un cartel que rezaba: «vuelvo en quince minutos». La rúa Santiago, la principal de este concello de la comarca compostelana, permaneció con su habitual actividad durante toda la mañana. Sin embargo, los problemas de transporte y la ausencia de proveedores se dejaron sentir, sobre todo en el albergue de peregrinos de la localidad. Inmaculada Ruiz y Francisco Fernández, ella de La Rioja y él de Palencia, tuvieron que conformarse con pasear por el pueblo. ¿El motivo? Que debido a los problemas físicos querían desplazarse a Santiago en autobús, «y de servicios mínimos nada, aquí no vino ninguno», se resigna Francisco. Su segundo contacto con la huelga estuvo relacionado también con el transporte. Su intento de reservar billete en tren para volver a Palencia fue un fracaso: «nos encontramos con un contestador automático en Renfe». Luis Penas y su mujer, que viven en un pueblo cercano, aprovechan su visita al médico para hacer unas compras. Como buen gallego que no se sabe si sube o baja, este jubilado desonocía si abrirían o no las tiendas, «pero veño de cortalo pelo, e cortáronmo como sempre, fun ó médico, e atendéronme como sempre. ¿Es dun sindicato?». Tampoco en el concello, gobernado por el PP, ha tenido mucho impacto el 20-J: «estar, estamos todos», señalaba un empleado.