Una vida de servicio en As Dores

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN/LA VOZ.

DEZA

Cuatro religiosas de la orden terciaria franciscana del Rebaño de María comparten su vida con los ancianos del centro de Lalín, a quienes dedican su labor apostólica

26 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Desde la creación de la residencia de As Dores en Lalín, hace ya 21 años, sus hábitos blancos han sido parte del corazón de este edificio y de sus habitantes. En la actualidad son cuatro las hermanas terciarias franciscanas del Rebaño de María las que prestan sus servicios en la residencia lalinense colaborando en diversas tareas. Hasta el 2006 en la que se constituyó el actual equipo directivo, las hermanas se encargaban de la coordinación del centro y en cierto modo la dirección práctica de la residencia gestionada por la Asociación para a Protección dos Anciáns de Lalín e comarca.

La residencia de As Dores forma parte de una agrupación de centros de este tipo sin ánimo de lucro en el que hasta hace poco era habitual la presencia de las religiosas de diferentes órdenes. La falta de vocaciones ha ido haciendo que el número sea cada vez menor y que ya sean pocas las religiosas que continúan realizando esta encomiable labor.

Sor Carmen. Sor Verónica, Sor Áurea y Sor Josefina son unas más de la casa, viven en la residencia y dedican sus horas a lo que han hecho siempre: servir a Dios y a los demás. Sor Verónica y Sor Carmen llevan unos dos años en Lalín.

Sor Verónica Mueni dejó su Kenia natal hace muchos años y aunque lleva dos en Lalín reside en España hace dieciocho años. Parte de la jornada la pasa atendiendo su trabajo de enfermera en la residencia, cubriendo sus turnos. Va clases para sacarse el carné de conducir y colabora con la parroquia dando clases de catequesis a los niños que se preparan para confirmarse.

Sor Josefina Cabana es de Pedraza de Monterroso y Sor Áurea Longareda de San Juan de Parada, en Outeiro de Rei. A Sor Carmen Nieto Gil su acento andaluz le delata pese a que lleva gran parte de su vida en Galicia. Nació en Tetuán, en Marruecos, hace setenta años, pero como ella cuenta «de muy chiquita me fui a Cádiz y allí me crié». De novicia estuvo en Cádiz y en cuanto profesó «me mandaron para Galicia, luego a Toledo, otra vez a Galicia, así que de Despeñaperros para arriba lleva más tiempo que de Despeñaperros para abajo».

Sor Carmen lleva dos años en Lalín aunque «la residencia ya la conocía de cuando estaba en Lugo». Antes de ser destinada a As Dores su vida siempre giró en torno al cuidado de las mujeres, los niños y los enfermos en el Hospital Calde de Lugo mucho tiempo y en la casa de acogida Sí a la vida que las hermanas tienen en la capital lucense. Del hospital hecha de menos la actividad frenética pero en Lalín se siente a gusto.

Su callada labor se ve día a día por los pasillos, los comedores, la capilla. Las hermanas ayudan a darles el desayuno, la comida y la cena a los residentes y se ocupan de la asistencia religiosa de los residentes.

Eucaristía diaria

Sor Áurea se encarga de la capilla donde se celebran eucaristías todos los días a las que acuden tanto residentes como gente de la calle, unos cuarenta fieles a diario. A las doce del mediodía el sacerdote José Penide oficia la misa en la capilla ayudado por las hermanas. Estas se encargan de rezar el rosario, de los diferentes oficios religiosos y de dar consuelo a los enfermos. Por las tardes, las hermanas aprovechan para irse a la capilla y cumplir con las obligaciones de su orden. Parte de la mañana Sor Carmen lo dedica a la costura. Su día a día lo dedican al servicio de Dios y de los demás.

Se las ve por los pasillos charlando con los residentes, escuchando sus historias, atendiendo sus peticiones, visitando a los enfermos, acompañando a los residentes en los rezos. La residencia es su casa y los residentes y los trabajadores su familia. Como recuerda Sor Carmen, «nosotras desde que profesamos nuestra casa es el lugar a donde nos destinen».

La congregación, que tiene su casa madre en Cádiz, sigue los preceptos de San Francisco de Asís. Entre sus actividades se encuentra la atención a emigrantes, enfermos, a madres, embarazadas y niños de cero a tres años con el proyecto Sí a la vida y la enseñanza en colegios.