El estradense que fabrica agua

DEZA

Delmiro Andújar ha recorrido toda Galicia haciendo brotar manantiales donde parecía que sólo había desierto. Su única tecnología es un péndulo de radiestesia

22 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Parece un milagro. No lo es, pero sí es un misterio difícil de esclarecer para el profano en la materia. Delmiro Andújar Tato sabe cómo localizar aguas subterráneas. Lleva casi medio siglo haciéndolo y le llueven ofertas de toda Galicia. Ha trabajado con las empresas de sondeos más potentes del país y ha dejado a muchos ingeniaron boquiabiertos. Su don es saber por dónde discurre el agua y a qué profundidad está. Lo calcula con asombrosa precisión y sin necesidad de tecnología ultramoderna. La única ayuda que necesita Delmiro es un pequeño péndulo metálico con forma de bala y adornado con una piedra verde. El péndulo cuelga de una cadena que se mueve al son de las corrientes subterráneas de agua.

Delmiro Andújar vive en Santeles de Abaixo. En su propia parroquia hizo sus pinitos como radiestesista. El oficio no le venía de familia. Más bien todo lo contrario. Cuando él tenía 14 años, su padre hizo dos minas en la aldea. «Non deron nada», recuerda Delmiro. «Daquela decíase que Santeles era unha aldea seca e con eso xa estaba todo dito, pero eu estaba convencido de que había auga», comenta. La confirmación llegó cuando Delmiro regresó de la mili. «Eu son da quinta do 56. No 57 estiven en Marruecos, como cociñeiro. Escoitaba a emisora Pirenaica para enterarme do que pasaba fóra», recuerda. Su vida daría para una novela de las buenas. Al regresar a su patria, un primo que conocía su obsesión con el agua le ofreció un péndulo y un libro de radiestesia que alguien había traído de Barcelona. Esa fue la única docencia que tuvo Delmiro. Lo demás fue constancia. «Aquel inverno do 59 foi para o libro. Estudieino ben», explica. Después comenzaron las prácticas en la parroquia. Sin descanso. «Botaba ata as catro da mañán na mina, e pola mañá cedo volta outra vez. A miña nai non me deixaba a luz de carburo e eu escapaba coa candelexa do farol. Así ata que un día -era Domingo de Ramos- me chegou a auga ás rodillas. E iso que era un ano de sequedade», comenta el radiestesista. «Esa mina chegou a botar 500 litros ó minuto no inverno e 100 ou 200 no verán, durante a rega. Cando mengua é en setembro, cando xa pasou a época forte de rega. Dicían que Santeles era unha aldea seca e nós chagamos a ter unha plantación de pavías que daba entre 12.000 e 14.00 kilos ó ano. Fixemos máis cartos nós de pavías que os que iban a Argentina ou Venezuela», asegura. «Daquela nos supermercados non había outra pavía. Agora están coa de fóra. Vendemos plantas de pavías e producimos kiwis do país, 3.000 kilos ó ano. Teño kiwis de 250 gramos a peza, pero hai que saber podalos. O kiwi non é a viña. Hai que deixarlle dous ou tres metros de vara para que nazan, senón bota leña, non kiwis», explica. Delmiro sabe un poco de todo. Como viticultor, también llegó a ganar un premio de cata. El secreto: vendimiar tarde, en octubre.

Pese a sus múltiples ocupaciones, Delmiro nunca ha podido dejar la radiestesia. No le dejan. Las empresas de sondeos lo llaman continuamente. Ha trabajado por toda Galicia y también en Zamora y Salamanca. «En Zamora hai auga, pero en Salamanca hai moito granito e vai a auga moi fonda», explica. En Galicia, por lo general, el agua brota generosamente si se sabe buscar. La zona más compleja para hacer aflorar las aguas es Touro. «Touro mireino todo e é o máis difícil. Alí é todo cobre. Houbo as minas de cobre. Teño visto facer pozos a dous metros un do outro e non sacar nada», explica Delmiro. Otro de sus retos fue buscar aguas aptas para el consumo y la higiene en una zona de manantiales ferruginosos. «A auga salía con óxido e estropeáballe a roupa toda», recuerda. También en Baños da Brea buscaron su ayuda para hacer un manantial de aguas no termales para el consumo. «Houbo que buscar as augas altas», comenta.

El pozo más generoso que localizó fue en la gasolinera de Ulla. Salían 60.000 litros de agua por hora. Pero hubo muchos más de ese calibre: «En Vidán dei con outro de 50.000 litros. Trouxéronme un regalo á casa e todo, porque xa levaban feitos varios pozos casi un ó lado de outro e sen éxito».