Reportaje | Ruta imposible por el municipio estradense (y II) El Concello ha perdido referentes turísticos como los puentes colgantes y tiene otros ocultos entre maleza
02 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Torre de Guimarei. El litigio por la fortaleza medieval continúa, pero en las últimas fechas fue desbrozada la maleza del monumento, de nuevo visitable Mirador de San Miguel de Castro. Ofrece una excelente panorámica sobre los meandros del Ulla, pero el acceso está casi impracticable Además de los pazos a los que el turista tiene vetado el acceso y de las iglesias visitables sólo en horario religioso, A Estrada esconde muchos otros tesoros apenas accesibles para el visitante por la escasa señalización y por la maleza, que entorpece el paso a muchos enclaves turísticos o impide su contemplación. Las pistas de acceso están, en ocasiones, impracticables. El mirador de San Miguel de Castro es sólo una de las áreas con notables síntomas de abandono. El mirador es un enclave privilegiado para contemplar el Pico Sacro y los meandros del río Ulla. En el monte hay un repetidor de televisión y un puesto de vigilancia de incendios, pero la zona acusa un notable descuido y la pista de acceso es apenas transitable para quienes no puedan conducir un todoterreno. Contrastan con este abandono, las recientes tareas de desbroce realizadas en la Torre de Guimarei. La fortaleza medieval comenzaba a perderse en un mar de maleza mientras su titularidad navega en un océano jurídico con fuerte marejada. La torre y el pazo habían sido comprados a la familia heredera del conjunto por un particular, pero la Xunta hizo valer el derecho de retracto para que el Concello pudiese adquirir la torre, catalogada como Ben de Interés Cultural, por el precio pagado por los nuevos compradores. Una sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) emitió un fallo a favor del Concello, pero los nuevos propietarios recurrieron ante el Tribunal Supremo la sentencia que, además, sólo daba derechos al Concello sobre la fortaleza medieval y no sobre el pazo contiguo. De eso hace casi tres años. Mientras el proceso jurídico continúa a ritmo lento, la vegetación avanzó rápidamente sobre el conjunto, llegando a cerrar los accesos a la torre. Son destacables las tareas de acondicionamiento realizadas en las últimas semanas, y que permitirán a estradenses y visitantes volver a reencontrarse con uno de los tesoros que la naturaleza había ocultado en el municipio. Peor suerte que los enclaves tapados por la maleza han corrido los que han desaparecido literalmente. Es el caso de los puentes colgantes de O Xirimbao, en el coto salmonero de Couso, y de Paradela, en el coto de Ximonde. El primero tuvo que ser cerrado al paso hace años a causa de la inseguridad provocada por los problemas que la estructura metálica presentaba. Las obras de remodelación, que se habían iniciado este año pero se habían paralizado enseguida, serán retomadas, según la Consellería de Medio Ambiente, el día 20. Por su parte, el puente colgante de Paradela se lo llevaron las riadas del 2000 y todavía no hay presupuesto consignado para la reposición. A estos inconvenientes turísticos hay que sumar la escasa promoción de algunos enclaves, como el Picho de Curantes o la Lagoa Sacra, y la deficiente o nula señalización de los mismos. No todos los estradense saben orientar al turista para hacerlo llegar a estos parajes y muchos no sabrían siquiera llegar ellos mismos. Las catástrofes son otro de los grandes enemigos del turismo. Los incendios de este verano cancelaron decenas de reservas y dejaron el entorno de la Lagoa Sacra reducido a cenizas. El frágil humedal, incluido en la red de protección Natura 2000, está seco y poblado por cuervos. Las catástofres son imprevisibles, pero hay áreas en las que se podría actuar para explotar el desaprovechado potencial turístico del municipio de A Estrada. Puente colgante de Paradela. La mítica pasarela de madera sobre el río Ulla se la llevaron las riadas del 2000. Seis años después, el coto de Ximonde continúa sin el puente colgante que frecuentaban tanto los pescadores de la zona como los numerosos turistas que querían poner a prueba su vértigo Picho de Curantes. La pequeña cascada y su entorno, en el que se funden agua y naturaleza, constituyen un atractivo turístico de primer orden al que pocos visitantes llegan. El enclave no figura en muchas guías y, aún sabiendo de su existencia, localizarlo resulta complejo por la total ausencia de señalización