Un partido para olvidar

XABIER OTERO LALÍN

DEZA

MARCOS MÍGUEZ

TERCERA DIVISIÓN El CD Lalín dejó escapar una ocasión inmejorable para apuntalar sus opciones de jugar la fase de ascenso El CD Lalín ha visto complicar su situación en la tabla. El equipo rojinegro, que sigue inmerso en puestos que dan derecho a jugar la fase de ascenso a Segunda División B, dejó escapar una inmejorable oportunidad para apuntalar sus posibilidades al caer con el Vilalbés por 2-1. Una derrota que llegó cuando menos se esperaba, después de que los jugadores de José Manuel Acevedo se adelantaran en el marcador. Por suerte, el empate sin goles en O Morrazo entre el Alondras y el Rápido jugó a favor de los dezanos.

22 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Como era de preveer, el Lalín salió a por el partido y, con más facilidad de la aguardada de antemano, convirtió el período inicial en un monólogo de juego rojinegro ante un Vilalbés que tuvo bastante con aguantar el chaparrón. El cuadro de Acevedo echó mano de los manuales de la seriedad, la concentración, la sobriedad y la presión para cerrar las líneas de acceso hacia su marco y tratar de llevar a buen puerto alguna de las ofensivas. Unas acciones de ataque que se sucedieron sin que el marcador electrónico experimentase ninguna modificación. El buen trabajo foráneo no había obtenido frutos. En el segundo período, el Club Deportivo Lalín, que regresó dispuesto a seguir peleando por el triunfo, vio abrirse una puerta ciento veinte segundos después. Guerreiro, como en las últimas ocasiones, fue el autor de un tanto que, por aquel entonces y dado lo controlado que estaba el choque, hacía presagiar la consecución de tres nuevos puntos. Sin embargo, como se suele decir, fútbol es fútbol. Con el tanto a favor, los rojinegros se fueron del partido y, en dos jugadas tontas casi consecutivas, echaron por tierra todo el buen trabajo anterior. El 2-1 hizo mella en el equipo y, así tras un ligero impás, recuperó parte de la solvencia anterior para tratar de recuperar el terreno cedido. No obstante, el Vilalbés, que ya se veía en posesión de un botín que no aguardaba, defendió con uñas y dientes el resultado. Los rojinegros, con más corazón que cabeza, fueron incapaces de encontrar el camino a la puerta local. Enrique, con un remate al larguero, tuvo la única opción para salvar los muebles.