Un coruñés que superó una tetraplejia parcial busca hacer la prueba ciclista
04 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Un desafío superlativo. La Titan Desert. Más de 700 kilómetros por el desierto del Sahara. Seis etapas rompepiernas dibujando caminos en las entrañas de Marruecos. Pero quizás el reto se torna todavía más complejo para Víctor Tasende, un coruñés de 25 años que hace cinco iniciaba su recuperación de una tetraplejia parcial. Una lesión medular que se produjo cuando tenía 17 al saltar a una piscina y golpearse contra el fondo. Desde que superó la dolencia, un auténtico milagro incluso para sus médicos, no ha parado de practicar deporte y marcarse desafíos. El último, explorar el norte de África subido en una bicicleta.
«Cuando sentí el golpe contra el fondo, quería salir a la superficie, pero mi cuerpo no me respondía. Sentí una angustia terrible,... quería vivir», relata. Un amigo se tiró al agua para rescatarlo y evitar que se ahogase. Rápidamente y ante la gravedad de la situación, lo trasladaron al Centro Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) donde le diagnosticaron una tetraplejia parcial. Lo operaron. Durante la intervención le colocaron un implante en las vértebras. Pocos apostaban entonces por que volviese a caminar. Estaba postrado en la cama de un hospital.
Sin embargo, él nunca se rindió. Víctor se propuso hacer todo aquello que «por pereza» no había realizado. Pero primero debía volver a andar. Abandonó la cama para sentarse en una silla de ruedas y, poco a poco, empezó a levantarse. «Cada pequeño paso, me costaba una eternidad. Una alfombra de casa podía convertirse en el obstáculo más complicado», explica. Se esforzaba diariamente en la Unidade de Lesionados Medulares del Chuac para sobreponerse a estas pequeñas dificultades. Los ejercicios de rehabilitación y su determinación los llevaron a volver a caminar. «Me decían -comenta- que lo que acababa de hacer era un auténtico milagro».
Y después de casi un año de batalla su sueño se transformó en realidad: recibió el alta médica. «Fue una sensación de alegría increíble», señala. A partir de ese momento, podría hacer todo el deporte del mundo, pero, con sus 174 centímetros de estatura, pesaba 102 kilos. Se puso a dieta y bajó hasta los 90 kilos de forma rápida. Comenzó con el badmington y el tenis. Estas disciplinas le ayudarían a coger velocidad, equilibrio y coordinación. También empezó a nadar y a volver a subirse a una bicicleta.
Pronto observaron que progresaba a buen ritmo, aunque el hecho de practicar deportes que ejercitaban más un lado del cuerpo (en este caso el derecho) provocó que la otra parte no se recuperase con la misma celeridad. Por eso, se pasó al remo. En el club de Perillo entrenó hasta que su peso se quedó en 69 kilos. Tras casi cinco años en el mar, decidió que ha llegado el momento de buscar otros retos.