El maestro maquilla una edición para reflexionar

DEPORTES

14 may 2012 . Actualizado a las 13:39 h.

El talento de Roger Federer iluminó la última jornada del Mutua Madrid Open, y de alguna manera su tenis salva o maquilla una edición para reflexionar. Más que innovadora, el torneo de Ion Tiriac plasmó siempre una idea rompedora. Quería crecer a cualquier precio. Confiaba en convertirse en una supuesta quinta cita del Grand Slam, y cuanto antes mejor, pese a lastres como su excesiva dependencia del tirón de Rafa Nadal, la alarmante falta de público en algunas sesiones estrella y las diversas carencias organizativas. A los deficientes accesos a las lustrosas instalaciones de la Caja Mágica, se unieron esta vez las pésimas condiciones de las pistas y hasta una huelga de voluntarios como colofón de un escenario inquietante que pone en peligro incluso la viabilidad del negocio en caso de que Rafa Nadal consume su amenaza de no volver a disputar el campeonato.

Los hechos demuestran por sí mismos que el experimiento de la tierra azul resultó fallido. El cambio nació como un golpe de efecto de márketing, con el debate alrededor de la ruptura de la tradición respecto a la convencional arcilla naranja. Pero su implantación mostró una imprevisión absoluta, con carencias que afectaron a la estabilidad de los jugadores, a la velocidad de la pista, a la diferencia de condiciones entre los grandes estadios y las canchas secundarias y a la irregular distribución de la tierra por los dos lados de la pista.

Los cambios no solo crisparon a Rafa Nadal, sino que generaron un compartido malestar sobre las condiciones de las pistas, en las antípodas del canon habitual en tierra. Los precios de las entradas tampoco contribuyeron a consolidar una afición alrededor del evento, como han conseguido, por ejemplo, las eliminatorias de España en la Copa Davis.

Mientras otros torneos se rodean de leyendas en las jornadas decisivas como una manera de honrar el pasado que ha hecho grande a este deporte, el Mutua Madrid Open se empeña en asociar su imagen a supuestas celbrities y ayer situó como «invitado especial» de su entrega de premios al actor estadounidense Will Smith.

Siempre nos quedará el recuerdo de la clase de Federer. Pero, apagadas las luches, toca reflexionar sobre la forma de consolidar de verdad un evento de primer orden.