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Todos los goles van al cielo

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Los de Del Bosque se rehicieron en la segunda parte tras unos pésimos primeros 45 minutos

13 ago 2009 . Actualizado a las 14:48 h.

Como a la de tanto artista, también a su obra le llegó el mayor de los reconocimientos después de muerto. Hasta ayer, el capitán del Espanyol no había debutado con España. Esquilado a última hora de listas de Aragonés y Del Bosque, en esta ocasión logró convertir en memorable el enésimo bolo de la selección a la espera de mejor rival.

Once futbolistas enfundados en el 21 de Jarque escucharon emocionados el himno español desde el centro del campo. Los macedonios, que estrenaban estadio remodelado, llenaron de aplausos un doble minuto de silencio que sorprendió hasta a los propios jugadores. El desconcierto ya no desaparecería durante los primeros 45 minutos.

Empeñado en engañarse a si mismo, Del Bosque volvió a confiar en una falsa apertura de campo, sentando a Cesc para dejar sitio a Cazorla, que como siempre jugó de todo menos de extremo. Con Sergio Ramos lesionado, fue Arbeloa el que pagó el pato subiendo y bajando por la derecha sin pausa. Fiado a la escasa entidad del rival, Capdevila también se animó a arrimarse al área contraria, dejando ambos laterales desprotegidos.

Demasiado hueco para una capacidad de tirar el fuera de juego propia de la pretemporada. Pandev golpeó primero, en el minuto 8, y volvió a hacerlo 25 más tarde. Dos golazos del ariete del Lazio, que con España metida en el atasco, tiró de definición y desmarque.

Mucho más de lo aportado por todo el frente de ataque visitante, en el que un Villa deprimido se despachó con una actuación lamentable, limitada a un par de inofensivos disparos lejanos. Torres, falto de espacios, se limitó a hacer de boya, pero los centrales macedonios lo despacharon a empujones.

Los macedonios, encerrados

El seleccionador tardó tres cuartos de hora en entender que el partido iba ayer por la vía emotiva. Agitó el banquillo hasta sacar al campo a un viejo perico como Riera, todavía con los ojos hinchados por las lágrimas del minuto de silencio.

España, apuntalada ya por Cesc, sometió a Macedonia a un acoso que tardó siete minutos en fructificar y cuatro más en darse por concluido. Primero fue Torres el que completó un saque de esquina a la española: de balón al jugador que arrastra al primer palo y centro de Xavi a la olla. Después, Piqué, ayer uno más en la nómina de centrocampistas creativos, remachó en fuera de juego un balón que había ido al palo.

Antes de cumplirse la hora de encuentro llegó el final feliz anticipado. Fue Riera el que cerró la remontada con un impresionante zapatazo en carrera que se coló por la escuadra derecha. Un disparo lleno de rabia que dejó helados a los macedonios mientras el fenomenal extremo del Liverpool corría a abrazarse a sus compañeros, para completar el homenaje a Jarque con los índices apuntando alto, enviando su gol al cielo.