Amigo íntimo de la gresca

El delantero uruguayo vivió sus mejores años como futbolista en España, donde, además de entrega y goles, dejo un reguero de polémicas y expulsiones


redacción

La vida de Debrai Darío Silva (Treinta y Tres, Uruguay, 1972) parece que ya no corre peligro, pero el terrible accidente de automóvil que sufrió en la madrugada del domingo pasado le ha apartado definitivamente de la práctica activa del fútbol, su vida, además de dejarle unas cuantas secuelas físicas. Al internacional uruguayo le han amputado la pierna derecha después de que la pick up que conducía se empotrara en una columna de una calle de Montevideo. Con él viajaban dos amigos, también futbolistas y que salieron mejor parados: Elbbio Papa y Dardo Pereira. Este último se encargó de relatar que Darío, siempre que podía, evitaba conducir: «Le gustaba mucho la velocidad y sabía que aquí (en Uruguay) las carreteras no son como allá (en España)».Es decir, el mismo impulso irrefrenable que ha guiado la trayectoria de un jugador bravucón, dicharachero y amante de la gresca, de un delantero que ha disfrutado como nadie con la polémica.Inicio en el PeñarolDarío Silva se hizo un nombre en el Peñarol. Sin ser un goleador, se ganó una justa fama de jugador agresivo y valiente, una característica muy del agrado del fútbol italiano, su primer destino en Europa. Llegó al Cagliari en el verano de 1995. Allí, tras dos discretas campañas en la Serie A, mejoró sus prestaciones en la segunda categoría, para acto seguido forzar su salida. Llegó al Espanyol en el mercado de invierno de la temporada 98-99. Un paso efímero, ya que seis meses después fichó por el Málaga, donde, fiel al más puro estilo del futbolista uruguayo, se reveló como un guerrillero que se desenvuelve con soltura en los entornos agresivos.En España ha protagonizado alguna de las más encendidas polémicas del último lustro. Así, un par de días después de un duro encuentro ante el Real Madrid llamó a Guti «nenaza y maricón», algo que provocó la reprobación del presentador de televisión Boris Izaguirre, quien lamentó la expresión del futbolista, cuando, según sus palabras, «Darío es un ídolo para los homosexuales». Lejos de aplacar los ánimos, el uruguayo mostró su sonrisa más pícara para agradecer las palabras del showman y no disculparse ante Guti. En Málaga estuvo cuatro temporadas, de la 99-2000 a la 2002-03. Compartió delantera con jugadores como Catanha o Dely Valdés, directos beneficiarios de la impagable labor de desgaste del uruguayo. Marcó goles (36), cargó con el trabajo sucio, amenazó a su técnico -el paciente Joaquín Peiró- con jugar en el filial si dejaba de ser titular y las tuvo tiesas con el presidente del club por algunos retrasos en el pago. Cuando el seleccionador uruguayo, Víctor Púa, expresaba sus dudas sobre la conveniencia de convocar a Darío para el Mundial de Corea 2002, él fue menos diplomático: «Iré con o sin Púa». Fue y se enfrentó a Púa porque el técnico criticaba las salidas nocturnas de los jugadores.Fichaje de Del NidoAbandonó de forma abrupta el Málaga para convertirse en el primer fichaje estrella del Sevilla de Del Nido, donde cobraba 1,2 millones de euros. «Estoy orgulloso de haber fichado por el mejor equipo de la ciudad», dijo antes de matizar que había rechazado una oferta del Betis. Se ganó el aplauso de los sevillistas y la contestación de un Lopera que le llamó «viejo, mentiroso y borracho». Darío también se acordó de la afición del Málaga poco antes de visitar La Rosaleda: «Animan más al contrario que a su equipo», y exhibió su particular filosofía: «Sé que el público va a estar en contra, pero es lo que a mí me gusta».En la capital andaluza comenzó el declive de un futbolista con dependencia directa de su físico. Marcó 9 goles en dos años y completó su amplia nómina de tarjetas en España (57 amarillas y 8 expulsiones). Después, un paso efímero y anecdótico por el Portsmouth inglés y el regreso a Uruguay, donde, dicen, preparaba un regreso imposible al Peñarol o al Nacional.

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