Las deudas han asfixiado al Borussia hasta tal punto que ha utilizado sus señas de identidad como aval y ha suplicado clemencia a los acreedores para no desaparecer
20 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Un plantel demasiado caro, inversiones exageradas que no se corresponden con éxitos sobre el césped, un presidente con delirios de grandeza que abandona tras dieciocho polémicos años en el cargo, una ampliación de capital y un proyecto de estadio fallidos, una eliminación de la Liga de Campeones y una discreta duodécima plaza en la Liga. El cóctel es mortal de necesidad para cualquier club del mundo. Por más que en sus vitrinas luzcan la Champions, media docena de Ligas, la Recopa, la Copa y otros títulos. El Borussia de Dortmund alemán se muere enfermo de deudas (la cifra global de la suya es de cien millones de euros, sesenta y dos menos que la del Deportivo). En los últimos días no ha hecho más que dar brazadas de ahogado... y perder cinco a cero contra el Bayern de Múnich con tres goles del ex delantero blanquiazul Roy Makaay. La historia reciente del club de Westfalia es una sucesión de esperpénticas situaciones, a cada cual más sangrante, en un agónico intento de conseguir una salvación que, en realidad, está en manos de sus acreedores. El Borussia es el único club de fútbol alemán que cotiza en bolsa, aunque con tanta sacudida, sus acciones se devaluaron un ochenta por ciento y ahora no alcanzan los dos euros por título. Sin embargo, los comunicados oficiales emitidos desde su consejo de administración no pueden ser más esperanzadores. Los castillos en el aire pasan por convencer a los acreedores para que difieran el cobro de forma indefinida y por ilusionar a la afición con refuerzos que nunca llegan. Sin licencia Pero el club se golpea de bruces con su realidad de forma constante. Uno de los estamentos encargados de recordársela es la Liga de Fútbol Alemana, que advirtió al que fuera equipo del ex deportivista Flavio Conceiçâo que podría quedarse sin licencia la próxima temporada si no pone orden su situación económica y demuestra que posee liquidez. De la misma manera que sucedió con otros equipos, el Borussia Dortmund entró en barrena tras alcanzar lo más alto. Campeón de la Champions en el año 1997, desde entonces, fue eliminado una vez en la fase previa, tres en la de grupos y en dos ocasiones se quedó fuera de la élite. El serio peligro de desaparición surgido en los últimos meses fue la puntilla. En este punto de no retorno, la junta de accionistas señaló de forma directa al máximo responsable: el que fuera presidente de la entidad durante dieciocho años, Gerd Niebaum. Las razones esgrimidas por la sociedad en el comunicado público del despido de este jurista de profesión, que proclamaba la consecución de la gloria deportiva a costa del endeudamiento del club fueron las siguientes: «Era necesario poner término a la discusión permanente y persistente con respecto a su persona, que pesaba tanto sobre la situación deportiva como sobre la consolidación económica, además de la casi diaria aparición de nuevas revelaciones y acusaciones relacionadas con su mala gestión, intolerables para la imagen de la empresa Borussia Dortmund». Al menos, el mandatario admitió que, además de sus errores de dirección, una de las causas de la crisis financiera fue el descenso de los ingresos por derechos de televisión, fruto de las mediocres actuaciones del equipo en competiciones europeas y la falta de inyección monetaria en concepto de traspasos. Sin embargo, el ex presidente disponía de tres ingeniosas medidas de salvación, calco de las adoptadas por otros en situaciones similares. Por un lado, la reducción de la plantilla profesional de veintisiete a veintidós jugadores para ahorrarse los sueldos anuales. (Precisamente, a la base del proyecto, los futbolistas, se les acabó la paciencia y dos de ellos, Rosicky y Frings lanzaron públicas críticas hacia los responsables de la entidad, postura en la que fueron secundados de forma masiva por los aficionados del club). Gerd Niebaum también puso en marcha una ampliación de capital de veinticinco millones de euros que no tardó en naufragar. Nuevo estadio sin base Por último, el máximo responsable del Borussia Dortmund se dejó llevar por uno de sus delirios personales con cimientos de barro, que consistía en la culminación de un proyecto de estadio, el Westfalenstadion, que sólo él veía rentable. Los inversores iniciales se echaron atrás y al club de la cuenca del Ruhr no le quedó más remedio que vender el conjunto por setenta y cinco millones de euros al fondo inmobiliario Molsiris, que a su vez se lo realquilaba al Borussia por diecisiete millones de euros anuales. Este plan de desarrollo económico tan lejano a la cruda realidad derivó en la investigación personal por parte de la justicia de Gerd Niebaum por presuntas irregularidades en su gestión y en un hecho insólito: en el año 2000 y ante la presión del grupo asegurador Gerling, el Borussia Dortmund utilizó como avales para una hipoteca su nombre y su escudo. Y todo esto, a pesar de que el presidente había prometido acabar con la deuda en tres años. A menos, claro, que la deuda acabe con el club en menos tiempo.