El Athletic le endosó a los celestes su cuarta derrota de este año en Balaídos
23 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El Athletic hacía dos años que no acababa un partido lejos de San Mamés sin encajar un gol, y lo acabó. No había ganado esta temporada ningún partido lejos de casa, y lo ganó. Apenas había permanecido en posiciones de Uefa, y ya es cuarto en puestos de Liga de Campeones. La culpa de todo esto la tuvo el Celta. Su mala suerte cara al gol, el mal arbitraje, un rival afortunado..., suena todo a tantos tópicos de excusas que hacen inexcusable la cuarta derrota de los celestes en esta campaña como locales. Los sucesos acontecidos durante la semana mermaron sensiblemente el potencial teórico del equipo vigués. Sin embargo, la motivación extra que encontraron los once elegidos por Lotina les hizo más fuertes de lo esperado. El dibujo era el más clásico de los celestes, pero con muy distintos protagonistas. La mayor duda estribaba en el funcionamiento de la triple jota. Jonathan, Jesuli, Juanfran constituían una línea creadora carente de poso, pero con enorme velocidad. Las parededes del sustituto natural de Mostovoi -Jesuli- con Milosevic constituyeron el mejor estímulo ofensivo local. La cruz para el serbio estuvo en la enorme sensibilidad del resorte que el asitente tenía en sus levantamientos de bandera. En la primera parte le señalaron infinitos fueras de juego, la mitad de ellos inexistentes. A pesar de esas continuas interrupciones, y de un como siempre discutido arbitraje de Rodríguez Santiago, el Celta era mejor. Dispuso en dos acciones de Vagner y Sergio de las oportunidades más claras para marcar. Además el colegiado escamoteó a los vigueses un penalti sobre Milosevic. Al Athletic le iba bien así. El conjunto de Valverde llegó en medio de una plaga de gripe y se encontró con un día lluvioso. El paciente bilbaíno esperaba que una consulta técnica le recetase reposo y se encontró con un belén de polémicas que le traían sin cuidado. Con la salud algo más fuerte, quizás hubiese plantado cara. Eso resultaba una incógnita que en la segunda parte se debería despejar. La función sí se vio alterada. Jesuli desperdició otra opción de poner por delante a su equipo. Los célticos habían puesto todo lo bueno del partido y también se encargaron de parte de lo malo. Una falta de las que le gusta colgar a la olla al Athletic, encontró una nefasta salida de Pinto. Lacruz, de improvisado rematador, se encontró con todas las comodidades para marcar. El cuadro vasco estaba ganando y había tirado una vez a la portería contraria. El Celta pudo contestar rápido pero lo volvió a evitar un error arbitral. Esta vez fue un gol anulado a Milosevic por el enésimo inexistente fuera de juego. Los célticos estaban tocados en todos los aspectos y Lotina decidió echar mano de los cambios que guardaba como medida imprescindible. Entraron Gustavo, Catanha y Mostovoi. Este último en medio de una sonada pitada. Precisamente el ruso, fue el actor de una caída que engañó a todos menos a Rodríguez Santiago. El meta Aranzubia no le hizo penalti y el fallo del árbitro fue no amonestar al céltico. De aquí al final más raciones de impotencia viguesa y un nuevo gol vasco con el que Iraola cerró el calvario local. Ahora vuelve la «Champions» y otra vez se congela la crisis en el aire, como en Matrix, y se entra en un mundo irreal.