Sería el frío reinante en Zaragoza. O la solidaridad que provoca jugar ante 30.000 espectadores. El caso es que el Celta salió muy juntito, compacto, hermanado, buscando el calor del gol ante un congelado equipo maño. Y los de Lotina tuvieron que esperar muy poco para conseguirlo: cuando la hinchada maña aún estaba empezando a descongelar el asiento, un corner rematado por José Ignacio dejó a La Romareda bajo cero. Cuatro minutos les duró el susto. Los mismos que tardó en devolver el golpe el Zaragoza, en una jugada de esas que últimamente practica tanto el Celta: un mal despeje de la zaga viguesa, un balón suelto al borde del área y Ponzio la clava donde más le duele a un portero, junto al palo. Vuelta al principio, con el Celta amasando la jugada, toqueteando el balón, aburriéndose a sí mismo con combinaciones inofensivas, para tranquilidad de un Zaragoza aletargado. Tanto se arrulló el Celta, tanto bostezó el medio del campo, que a los maños no les quedó más remedio que ponerse a jugar al fútbol. No es que quisieran, ni que lo tuvieran muy claro pero el Zaragoza tuvo que asumir el mando ante un equipo vigués que sólo se animaba con los calentones, protestas y refriegas de un efervescente Vagner. Así, mientras los de Flores incomodaban un poco (muy poco) a Cavallero con inofensivos disparos de Villa, Corona y Cani, el bagaje celeste se reducía a un tenebroso tiro de Ángel, tan desastroso que sólo intimidó al recogepelotas que esperaba el balón en la banda. ¿Y las ocasiones de gol? Pues el Celta se las debió de olvidar en el AVE que los llevó desde Madrid a la capital maña, en el mismo compartimento en el que se debieron de quedar dormidos Mostovoi y Ángel, que no hicieron acto de presencia en La Romareda. ¿Y las oportunidades del Zaragoza? Pues las que le regalaba un inoperante centro del campo celeste, con un Vagner que dejó de ser el más concentrado del Celta para encarnarse en el más jugador más impreciso que correteaba por el césped. Y así estuvo a punto de liarla Villa en un par de escapadas consentidas por la aterida defensa celeste y así perdonó el gol Soriano, con un remate de cabeza que besó el larguero. Y con esto y un abucheo de la grada local al árbitro se llegó al descanso. Pero el calor del vestuario le sirvió de poco al Celta. Nada más reanudarse el choque, una jugada ensayada de los maños estuvo a punto de convertirse en el segundo gol. Únicamente la mala puntería de Savio lo impidió. Minutos después, más de lo mismo: falta ensayada y Villa, solo solito, remata a las manos de Cavallero. Y aún hubo suerte, porque a la tercera pudo ir la vencida, pero la falta chutada por Savio se encontró con una espectacular intervención de Pablo Cavallero. En la otra portería, Lainez se despertó de la siesta para cortar por lo sano una buena jugada entre Jesuli y el de siempre, o sea, Milosevic, que desde que llegó al Celta no se pierde un ataque. Después, veinte minutos de hastío, hasta que Corona se sacó de la chistera un pase extraordinario que Soriano, nuevamente solo, remató fuera por muy poco. Y como las dos defensas lucían más grietas que la vía del AVE Madrid-Zaragoza, Jesuli se encontró con dos preciosos regalos de la zaga maña: el primero se estampo en los guantes de Lainez; el segundo dejó temblando el larguero. Y ahí se acabó el partido para ambos equipos, que tras los ineficaces arreones finales y una jugada polémica en el área celeste firmaron unas tablas que deja a maños y vigueses congelados en el fondo de la clasificación.