El Nobel Wole Soyinka visita A Coruña: «Cuando vi que María Corina Machado le dio a Trump su premio, entendí por qué EE.UU. había revocado mi visado»

CULTURA

Wole Soyinka, este lunes en A Coruña
Wole Soyinka, este lunes en A Coruña ANGEL MANSO

El dramaturgo, poeta y novelista nigeriano participó en el ciclo Poetas Di(n)versos junto a la gallega Lupe Gómez

26 ene 2026 . Actualizado a las 22:03 h.

Que tiene 91 años hay que creérselo sobre todo porque Wole Soyinka (Abeokuta, Nigeria; 1934) no soporta a los mentirosos ni a los cínicos. La astucia con la que elige cada palabra revela por qué fue el primer africano en recibir el Nobel de Literatura en 1986, y el motivo por el que es un hito que este lunes participó en el ciclo Poetas Di(n)versos de A Coruña, que recibe por vez primera a un escritor de esta talla de la mano de la poeta gallega Lupe Gómez.

La Voz pudo charlar con el dramaturgo, poeta y novelista de obras como Los intérpretes, Aké o Lanzadera en una cripta sobre esperanza —que la literatura pueda aún mover y remover conciencias— pero también, y sobre todo, del devenir de un mundo que, como cuando empezó a juntar letras para tomar acción, sigue desmoronándose.

«Las personas que hay ahí fuera casi te obligan a ser activista. En un contexto en que los líderes no entienden más que la dominación, como ocurre en Irán, en Nigeria y por lo que hacen poderosos como Donald Trump, no hay alternativas», cuenta este hombre, que pasó dos años en una cárcel de Lagos como preso político.

Es inevitable, por legítimo premio Nobel y por ser desde octubre persona declarada non grata en Estados Unidos— que en cierto modo la conversación vire hacia la situación geopolítica actual. «Cuando vi que María Corina Machado le regaló su Nobel de la Paz a Trump entendí por qué Estados Unidos había revocado mi visado; creo que pensó que se haría un hueco entre los galardonados, más que nada por esa mentalidad infantil que está tratando de destruir el mundo desde un lenguaje racista, que desprecia la inteligencia y que solo conoce el binomio fuerza-debilidad».

Es imposible disociar la obra del nigeriano, que visitaba una muy lluviosa A Coruña ayer por primera vez, de un elevado tono crítico, valiente y también irónico, que está indudablemente presente en su última novela: Crónicas desde el país de la gente más feliz de la tierra. Publicada en el 2021 por Alfaguara, recuperaba este género después de medio siglo sin tocar la ficción. «Siempre he insistido en que es en el teatro donde me siento creativo, intelectual, espiritual y, definitivamente, vivo. Quizás por eso tardé 30 años en escribir este último libro. Veía una sociedad provocativa que me instigaba a profundizar pero cada vez que me ponía a ello veía que había más donde indagar y que el contenido no me valía para el teatro, así que lo dejaba ahí en la parte de atrás de mi mente. El material que tenía y lo que quería expresar llevaba tiempo y espacio para concentrarme, así que solo pude terminarlo cuando llegó el confinamiento».

No son baladí los dilatadísimos tiempos que se toma a veces este autor para escribir, ya que se muestra firme en su creencia de que «la literatura no puede cambiar el mundo ni una situación global, pero sí puede cambiar a las personas, que seamos capaces de contemplar alternativas a ese pensamiento único que muchas veces se nos ofrece», cuenta el nonagenario antes de confirmar que sí, que esta será una de las últimas veces que conceda entrevistas. Pero no que cuente historias.