Los conciertos que ofrecerá en San Sebastián y Santander, el próximo mes de agosto, serán citas obligadas para los amantes del piano
04 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Quedan avisados los cultivadores del gran pianismo. Sokolov actúa este verano en España, dos veces, durante el próximo mes de agosto. El 10 en San Sebastián (Auditorio Kursaal) y dos días después en Santander (Palacio de Festivales). El programa: J. S. Bach (Partita número 1), Beethoven (Sonata n.º 7 op. 10) y Schubert (la Sonata Op. 143, D. 784, más los Seis momentos musicales op. 94, D. 780). Las entradas seguramente volarán.
Para los amantes de la gran música cualquier tiempo pasado suele ser siempre mejor, sobre todo en lo que tiene que ver con los mitos de la interpretación. No importa que a algunos solo se los pudiera escuchar en grabaciones de los primeros tiempos, en aquellos antecesores del vinilo que sonaban como un par de huevos fritos en una sartén, o peor aún, ni si quiera eso: se supiera de ellos a través de referencias literarias de autores como Stendhal, que contribuyeron a forjar exóticas leyendas sobre cantantes sobrenaturales de hace al menos dos siglos, cuando aún no existían ni los discos de piedra.
Pero de vez en cuando, incluso en nuestros raudos tiempos de ídolos de barro prestos a ser devorados rápidamente en la pira de la actualidad, aparece algún intérprete investido con los poderes sacros de los genios de otras épocas. Sokolov, el pianista ruso, es uno de ellos. Se evoca su nombre y hasta los más talibanes defensores de un modo de entender la interpretación pianística que habría concluido con Hofmann, Busoni o Schnabel se muestran partidarios de que este sí, este podría figurar como un par de cualquiera de los genuinamente grandes en cualquier lista del género que se precie.
Por eso las apariciones de Grigory Sokolov (San Petersburgo, 1950) son tan celebradas. No suele dar muchos conciertos -unos 70 por temporada- ni visitar los estudios de grabación (su más reciente, para el sello DG, es de hace veinte años, y fue registrada «en vivo» durante un recital salzburgués). No se presta a hacer payasadas en la tele para promocionarse ni tiene tiempo para otra cosa que no sea su devoción por la música. La última vez que tocó en A Coruña se encerró con el piano para trabajar en el Palacio de la Ópera y no quiso saber nada de las delicias gastronómicas del país, tan celebradas por otros solistas. Pidió que se le sirviera una pizza en el mismo escenario para no perder ni un minuto y concentrarse, como un orfebre, en la eterna búsqueda de la perfección.
Un talento asombroso
Desde que Emil Gilels lo apadrinara cuando en 1966, con solo dieciséis años, se convirtió en el intérprete más joven en ganar la Medalla de Oro del Concurso Internacional Chaikovski de Moscú, Sokolov no ha cesado de asombrar al mundo con su talento, tan inmenso como su desgarbada figura de ogro a punto de desparramarse ante su interlocutor.
Incontenible e inabarcable también, su sabiduría pianística se expande desde el teclado hasta seducir al oyente por su poder cautivador, su magnetismo ajeno a modas y caprichos, basado únicamente en el estudio profundo y análisis de estructuras y contenidos.
Sus dos próximas apariciones españolas, este mismo verano, revisten por tanto la condición de acontecimientos extraordinarios y se inscriben en las programaciones de dos festivales norteños, la Quincena Donostiarra y el Festival Internacional de Música de Santander, que se apuntan sendos tantos al ofrecérselo al público. Una recomendación: si acuden a cualquiera de las dos citas tampoco se pierdan el Stabat Mater de Rossini que en ambas plazas dirigirá Alberto Zedda con el tenorissimo Celso Albelo. La celebración puede resultar completa.