Heladero, podrás vender chuches en los parques, pero jamás en las playas

Eduardo Eiroa Millares
E. Eiroa A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

PACO RODRÍGUEZ

Los siete puestos del paseo, que no pueden tener motor, solo tienen permitido facturar cucuruchos y fruta envasada

08 jul 2016 . Actualizado a las 18:57 h.

Si al niño se le antojan unas chuches en la playa, excusan sus papás de acercarse a los carritos ambulantes del paseo marítimo a satisfacer su gula. Allí, salvo de estraperlo, no le surtirán de golosinas. En la reconversión del sector de la venta ambulante de helados, el consistorio, además de prohibir las furgonetas de toda la vida, también especifica en sus pliegos de condiciones para la adjudicación qué pueden vender y qué no. «Se permite exclusivamente la venta de helados y frutas envasadas en los puestos ubicados en el paseo marítimo», reza el pliego de condiciones con la contundencia de un código penal.

María Pita aplica desde el 2014 la legislación autonómica y estatal para regular la venta ambulante, pero en los pliegos también pone un poquito de su parte. Así, los heladeros no pueden usar vehículos motorizados en el paseo. Tienen que tirar de un carrito con ruedas, unos cacharros que no pueden cargar con las famosas máquinas exprés. De ahí que los míticos helados de la Ibi hayan desaparecido de las playas.

No se ha encontrado jurisprudencia que aclare el veto a las furgonetas de siempre, ni datos sobre el peligro potencial que suponen para la gente más allá de las posibles indigestiones. Sea como sea, la tracción mecánica no se admite, sí la tracción humana. Mucho más limpio tirar del carrito.

En las inmediaciones de Riazor y el Orzán «quedará prohibida la venta desde camiones o vehículos tienda, estando admitidos los carritos bicicleta, incluida la bicicleta eléctrica», establece con rigor el texto regulador. María Pita, en todo caso, no es solo fuego y acero, y también hace un guiño amable a los heladeros ambulantes admitiendo «elementos auxiliares como toldos o sombrillas integrados, en todo caso, en la estructura del cajón».

Lo curioso es que el férreo control sobre los vendedores ambulantes no se extiende con igual rigor a toda la ciudad. Además de los siete puestos del paseo, se han autorizado otros cinco en los parques de Santa Margarita, Oza, San Diego, Vioño y parque Europa. Allí sí se pueden ofrecer helados desde furgonetas y lo que es más relevante: sí, se pueden vender chuches. Los niños que van al parque pueden comer gominolas, los que van a la playa, no.

No se alcanza a comprender el motivo de tales diferencias, aunque se pueden intuir vagamente algunas razones. Seguramente Mobilidade no quiera furgonetas subidas al paseo y por eso las expulsa de allí, aunque cabe preguntarse por qué en el paseo deben ser erradicadas mientras en los parques sí son bienvenidas.

La otra explicación que algunos conocedores del caso esgrimen podría venir de la existencia de potentes lobbies de otros negocios que no quieren competencia durante los meses de mayor facturación. Así, las furgonetas del paseo habrían quedado sometidas, mientras que en otras zonas de la ciudad con grupos de presión con menor capacidad de influencia, pueden seguir viviendo en libertad. Sea como sea, lo cierto es que los heladeros ahora harán más deporte y que los niños más costeros podrán comer piña y sandía, mientras que los de interior, que no tienen opción de gozar de baños de mar, tendrán al menos el consuelo de las dulces gominolas y de los inmortales Burmar Flax.