Paqui cuida de su madre las 24 horas: «El único día que tengo para mí es el lunes, que recojo a mis nietos y me cargan las pilas»
CAMBRE
Hoy ponemos cara y voz a las miles de hijas que atienden a sus padres cuando las necesitan. Nunca fallan, y a veces son invisibles. ¡Va por ellas!
14 mar 2026 . Actualizado a las 11:53 h.Paqui tiene 64 años y lleva cuatro años cuidando de su madre Juana, de 84. Antes de la pandemia, la distancia era un hándicap para que madre e hija estuvieran juntas. Pero el coronavirus hizo que fuera a visitar a sus padres a Granada con la intención de pasar un tiempo con ellos. Las circunstancias hicieron que ya no se pudiera separar de sus padres. Desde entonces se ha convertido en cuidadora las 24 horas y los siete días de la semana. «Llevaba más de dos años sin verlos. Bajé después de la pandemia para estar un temporadita con ellos y ver cómo estaban. Al final, me tuve que quedar nueve meses porque mi madre se cayó y a mi padre le pusieron oxígeno. Dejé a mi familia en Galicia, a mis nietos y a mi marido, pero no me podía venir, porque no podía tener a mis padres solos en esas circunstancias», cuenta esta vecina de Cambre.
Al ver la situación en la que se encontraban, y que ella no podía seguir en Granada sine die, decidió traérselos a su casa. Y así estuvieron algo más de tres años. «Mi padre falleció hace un año. Y ahora está mi madre conmigo, porque mis dos hermanos también viven fuera. Uno está en California, y el que vive en Málaga tiene un negocio de hostelería y también está delicado de salud, así que tampoco la puede atender», explica.
Paqui nunca se ha planteado otra opción que no fuera cuidar de sus padres. Considera que es su obligación como hija y ha querido devolverles todo el cariño que recibió ella cuando era pequeña. También explica que si los hubiera tenido que dejar en una residencia, le invadiría un sentimiento de culpa: «Cuido de mi madre porque es lo que me sale. No me sale hacerlo de otra manera. Y hasta ahora no veo otra solución. Mi madre tiene algo de degeneración cognitiva. A veces, no es fácil y te sientes muy impotente porque ves que no es ella».
«Mi día a día gira en torno a ella. Viene una persona dos horas al día a ayudarme, aunque en estos momentos, por circunstancias puntuales, no puede. Pero el resto de la jornada me la paso con las cosas de casa y atendiéndola a ella», comenta. «El único día que tengo para mí es el lunes por la tarde, que voy a recoger a mis nietos. Es el único día que hago algo diferente. Y es lo que me ayuda a recargar las pilas», confiesa esta mujer a la que se le nota que siente adoración por Alba, de 8 años y Alonso, de 5.
Paqui intenta darle todo el cariño y las atenciones que puede a su madre, pero reconoce que no es fácil. «Vivo en una casa de planta baja, sin escaleras. Y creo que para ella es lo ideal. Pero no le gusta el campo. Intento llevarlo con las herramientas que uno ha ido aprendiendo a lo largo de la vida. Y hay días que sabes que estás haciendo las cosas bien, pero piensas que no como tú quisieras o te gustaría», aclara.
Sin salidas
Reconoce que en estos años, Paqui no se ha planteado desconectar ni evadirse ni un solo minuto. Y mucho menos irse de vacaciones o hacer algún viaje. «Desde hace cinco años no he podido salir. La única salida que he tenido en este tiempo fue el verano pasado a una boda que tuvimos en Gijón. Se quedó mi hijo con mi madre. Fue una cosa puntual, aunque yo sé que puedo contar con la ayuda de mi hijo. Y también asistí a otra celebración que tuvimos en Ourense. Esas son las dos salidas de fin de semana que he hecho durante estos cinco años», comenta. Y explica que le gustaría tener algo de tiempo libre, aunque por ahora es imposible. Mientras tanto, intenta tener pequeños momentos placenteros en su día a día a través de la lectura y algunos paseos. «Nuestra ilusión era hacer algún viaje del Imserso. Tenemos una pandilla de amigos de Jaén, que nos hemos reencontrado cuarenta y tantos años después y hacen unas reuniones anuales muy agradables. Pero nosotros no podemos ir a nada de esto. Ahora, por ejemplo, han estado todos juntos de viaje en Egipto, pero eso nosotros no podemos hacerlo», indica.
Paqui cuenta que se apoya mucho en su marido, porque tiene mucha paciencia, y está siendo un gran aliado. «Llevamos más de 40 años viviendo en Galicia. Somos más de aquí que de nuestra tierra. Mis hijos ya nacieron aquí. Y no he perdido mi acento. Me casé muy joven. Primero me fui un año a Cataluña y después nos trasladaron a Galicia. Así que llevamos aquí toda la vida», aclara. Esas ganas de seguir haciendo cosas, las tiene Paqui desde siempre, porque ella es una mujer muy activa. «Me matriculé en la universidad cuando ya los niños iban al colegio e hice la carrera de Magisterio y di clases. También trabajé durante diez años en una empresa teleoperadora. Fui a hacer una campaña y me quedé diez años. Y así con todo. Porque tengo mucho aguante», reconoce. «También cuidé de una tía abuela nuestra que nos crio a todos. A mi abuelo, a mis padres, a mi madre, a nosotros, a mis hijos... Y murió aquí, en mi casa, con 93 años. Era la tata de la familia y no dio ningún problema», señala.
«Mi padre me ayudaba»
En el caso de su tía, a Paqui también le salió de dentro devolverle todo lo que ella había hecho por los suyos: «Nos cuidó a nosotros y yo la cuidé. Fue todo de una forma muy natural y no fue nada traumático». Todavía se emociona al recordar a su padre. «Aún estoy en pleno duelo. Lo echo mucho de menos. Él me ayudaba mucho con mi madre. La verdad es que estos meses están siendo la época más dura de mi vida. El año pasado estuvo mi padre ingresado en el Chuac y mi madre en casa. Fue muy duro. Mi hijo venía de trabajar y se iba al hospital con mi padre. Todavía no me he recuperado», dice.
En medio de todo lo que está pasando, ella intenta tener sus momentos. En la Fundación Mujeres ha encontrado un lugar de encuentro, donde sentirse comprendida y poder cuidarse un poco, porque los que cuidan también necesitan cuidados. «Me vino muy bien. Una prima mía que vive en Madrid me preguntaba si no había nada en A Coruña donde pudiera ir, algo relacionado con las mujeres, donde charlar y evadirse un poco. Pero yo ni tiempo tenía», comenta. «Un día me llamó Silvia, de la fundación, y me apunté. Y la verdad es que me ayudó bastante, porque compartes experiencias y te ayuda a relativizar. Aunque a cada uno le duela lo suyo, te abre un horizonte nuevo y creo que es muy necesaria este tipo de ayuda», aclara.
Paqui siempre ha sido muy inquieta durante toda su vida y muy positiva, por eso sabe que, aunque ahora le toca cuidar y corresponder con lo que ha recibido, tiene que buscar pequeños gestos con los que disfrutar con su familia. Por el momento, ya se ha decidido a encontrar uno. «Ahora tengo un sueño, que es poder ir a Madrid a ver actuar a mi hija Amparo, que siempre da un concierto en nuestro cumpleaños. Cumplimos las dos el mismo día. Ella está allí luchando por cumplir sus sueños. Y es el mejor regalo que nos podemos hacer. Ahora estoy decidida a ir. Creo que nos lo merecemos». Claro que sí, Paqui.