Los nombres de las calles definen épocas, pero también sus rótulos. En tiempos de GPS, los carteles del zócalo urbano aún quieren contarnos cosas
23 feb 2026 . Actualizado a las 23:45 h.Es posible que muchos nativos digitales residentes en esta ciudad no hayan reparado en las 19 baldosas de Sargadelos que indican que uno se encuentra en la calle Santo Domingo. Estas piezas de la Ciudad Vieja son el recuerdo de un contrato que se firmó con la compañía de Cervo a mediados del siglo XIX para «dignificar y dar singularidad al zócalo urbano». Lo cuenta uno de los trabajadores que a diario convive con un centenar de placas retiradas de las calles de A Coruña —bien porque se habían deteriorado, bien porque esas avenidas fueron cambiando su nombre por imperativo de la Ley de Memoria Histórica—, que se guardan con celo en un almacén municipal de A Grela.
En este lugar la historia de la ciudad cabe en una placa. Así se entiende que apenas haya rótulos honrando a mujeres, tan invisibilizadas en el callejero. Pero también que vivan aquí, y no en la calle, placas imposibles hoy en día, como la de los Cantones de José Antonio (Primo de Rivera), que dejó de ser visible para los coruñeses hace casi dos décadas.
El totum revolutum de carteles bien y mal conservados, y con estéticas propias de diferentes etapas, recuerda que en el nomenclátor urbano todo cuenta. Desde el contenido hasta el continente. De lo primero puede decirse que A Coruña ha pasado por todas las etapas: de una primera, más descriptiva y que deja vestigios como la calle Tabernas; a una innovadora, «porque esta foi unha das primeiras cidades en nomear como Praza da Constitución o lugar onde se leu A Pepa [Constitución de 1812] por primeira vez», cuenta Iván Méndez, filólogo de la Universidade da Coruña y experto en toponimia.
En cuanto al envoltorio, ha pasado también por diferentes fases, o incluso modas. «Las primerísimas placas son de piedra, y luego están las de mármol macael, que tenemos muchas aquí, y son de principios del siglo XX», cuenta este experto conservador antes de empezar a hablar de sus favoritas.
«Las que aún se mantienen en muchas zonas de la ciudad [es el caso de la plaza de Mina, como muestra la imagen superior] son las azules esmaltadas de acero vitrificado, que son las que mejor responden por ejemplo a la lluvia, porque tienen un diseño bombeado que impide que el agua se pose o se quede en los bordes, y así la placa se oxida. Son las que más me gustan y están en muchísimas ciudades desde que las estandarizó la capital de Francia a finales del siglo XIX; es más, ese color característico se le conoce popularmente como azul París», cuenta este experto del almacén de A Grela.
La estética de una placa, al igual que a quién se dedica, se decide en diferentes comisiones. Y ya hace varios años que en A Coruña no se renuevan, conviviendo las más actuales, también azules «con un acabado vinílico y una técnica muy contemporánea», con otras más longevas. «Algunas de las más antiguas se dejan en la calle por su valor histórico. Pero en otros casos, sobre todo cuando ha cambiado el nombre de la vía, se mantienen las dos placas más o menos un año, hasta que los servicios de Correos y los mapas están actualizados y el reparto interioriza los nuevos nombres», indican fuentes municipales.
Además, «algunas deben dejarse en las fachadas porque estas son bienes patrimoniales y no se pueden alterar retirando un elemento que lleva ahí mucho tiempo», indican desde el almacén con más historia de la ciudad.
Honrar a la División Azul o al cabo Santiago Gómez tenía un propósito. Igual que ahora lo tiene ponerles a las calles nombres de mujeres relevantes. Sin embargo, este objetivo se vuelve en cierto modo difuso si las nuevas generaciones dejan de orientarse gracias a conocerse las vías, a mencionarlas y a vivirlas. «La mayoría de los jóvenes no distinguen calles importantes como la ronda de Outeiro o la de Nelle. En parte es normal, ocurre como con los números de teléfono. Ahora funcionan con Google Maps y no creo que sea por pereza, sino porque conocer el nombre de las calles ha pasado a ser una información irrelevante», cuenta Silvia Vázquez, vicepresidenta de la Asociación de Autoescuelas de A Coruña.