La historia de A Coruña a través de su callejero: por qué vives en la rúa Disciplina y no en la calle Amancio Ortega
VIVIR A CORUÑA
El nomenclátor herculino es uno de los más modificados del panorama español. De las vías epónimas, una de cada cuatro se dedican a cargos políticos y solo el 8 % llevan nombre de mujer
20 feb 2024 . Actualizado a las 08:51 h.Seguro que muchos vecinos de O Birloque no saben quién es Juanito, ese chaval de once años que da nombre a la calle en la que viven, y que entregó su vida al mar para salvar a una mujer que se estaba ahogando en la playa más concurrida de A Coruña. Hubo que esperar un siglo para que se le pusiera una vía al Niño Héroe, pero no es la única que homenajea a valientes que dejaron su vida en la ensenada del Orzán. Los vecinos de Javier López López no residen en la calle de un alcalde, un poeta o un ilustre aristócrata; su pronunciada cuesta reconoce a uno de los policías fallecidos en el rescate de Tomas Velicky en el 2012.
El nomenclátor de la urbe herculina se nutre de tragedias ocurridas a escasos metros del suelo firme —la plaza de la Blanca Quiroga rinde tributo a la embarcación de Cruz Roja que empezó a operar tras el naufragio del pesquero la Isla, en el que murieron 14 personas en 1970—. Pero en un callejero que ha mutado más de lo habitual también hay espacio para filántropos que cambiaron el rumbo de muchos coruñeses; es el caso de Ricardo Labaca, Manuel Piñeiro Pose o Eusebio da Guarda. Se cuelan médicos memorables como Grande Cobián, Juan Neira o Manuel Díaz; escritores como Galo Salinas, Luis Huici o Eduardo Pondal, y arquitectos como Rey Pedreira y Antonio Tenreiro. Abundan esas arterias dedicadas a alcaldes: ahí están Francisco Mariño, Juan Flórez, Fernando Macías o Puga y Parga. Incluso Berta Tapia, la única regidora que tuvo la ciudad herculina hasta la llegada de Inés Rey, y de las poquísimas mujeres que cobran vida en este callejero.
La presencia femenina en las vías epónimas se reduce al 8 %, y se eleva considerablemente si entran en juego figuras sacramentales como vírgenes y santas. Ni la ley de memoria histórica fue capaz de revertir esta situación. Entre el 2008 y el 2019, una veintena de calles herculinas abandonaron la impronta franquista que arrastraban para lucir nueva cara, y ninguna se dedicó a una mujer. Salvan los muebles Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Sofía Casanova o Rosalía de Castro; caso excepcional el de la autora de Follas Novas, que solo en la provincia de A Coruña cuenta con 90 vías que le rinden homenaje.
Esto de ensalzar una figura, sobre todo con carácter mediático, arrancó en A Coruña en el siglo XIX. Lo explica Iván Méndez, técnico de toponimia de la RAG: «É unha imitación do que fixo o país veciño despois da Revolución Francesa, cando comezou a honrar a persoas que tiñan uns valores determinados». Así, las calles comenzaron a poner en valor causas y perfiles que, más allá de sus profesiones, estaban vinculados al régimen político que imperaba en cada momento. Este tipo de homenajes no solo no han menguado, sino que están de plena actualidad.
La calle Arsenio Iglesias, por ejemplo, sigue buscando ubicación pese a haber sido aprobada en la comisión de Honores y Distinciones del Ayuntamiento en el 2020, y los odónimos vinculados a Inditex se ponen de vez en cuando sobre el tapete. De hecho, el PSOE propuso en el 2016 dedicarle una calle a Rosalía Mera, lo cual aceptó Marea Atlántica, entonces en el Gobierno local. No ocurrió lo mismo con Inditex. Fue el Partido Popular quien planteó que una vía llevase el nombre del buque insignia de la moda española, pero la idea se rechazó. Amancio Ortega, por su parte, cuenta con su propia avenida en el polígono de Sabón, y desde el 2019 en el pueblo sevillano de Sanlúcar la Mayor.
Para Méndez no suele ser positivo que las calles lleven nombres de personas, más allá de porque es complicado contentar a todo el mundo y que haya consenso frente a los principios que representa, porque desaparece una toponimia que nos revela información de ese lugar. Menciona el caso de la plaza de la Constitución, que antes se llamaba plaza del General Azcárraga y que ya sustituía a la «praza da Fariña». Os Castros ejemplifica a ese tipo de lugares ya desaparecidos que siguen designando a un barrio, al igual que ocurre ahora con Xuxán, un nombre relacionado con el adverbio medieval -xuxo, xuxa- que significa abajo y que reemplaza al conocido como Ofimático.
Luego están, como añade este filólogo, esas calles que aun identificándose con valores a priori universales, asumieron un cariz concreto en un determinado momento histórico. «A rúa Disciplina, por exemplo, representa ese signo franquista onde era tan importante o sacrificio». Asimismo, entre 1936 y 1975, el nomenclátor se plagó de homenajes al santoral y a perfiles afines al bando nacional. Algunas de estas designaciones ya no existen, pero todavía son muchos los que aseguran que siguen viviendo en General Sanjurjo (avenida de Oza) y Cabo Santiago Gómez (rúa da Sinfónica).