Cerca de 10.000 personas participaron en la novena edición de una prueba en la que no faltaron disfraces como el de buzos o patitos. Consulta aquí todas las imágenes
15 oct 2022 . Actualizado a las 19:40 h.Los participantes en la novena edición de la carrera Enki, organizada por la Fundación Abrente ENKI, con la colaboración de la Xunta y el Ayuntamiento de A Coruña, llenaron este sábado de color la ciudad en un día gris marcado por el mal tiempo. Poco les importó la lluvia a los corredores, divididos en cuatro grupos de 2.500 cada uno diferenciados por el color del dorsal, que como cada año llegaron a Puerta Real llenos de ilusión y disfrazados, como ya es tradición en la prueba. En total, estaban inscritas 10.000 personas y desde la organización indican que se rozó el lleno a pesar de las malas condiciones meteorológicas.
Los Vengadores, Súper Mario, los Pitufos, pollitos, unicornios, bomberos, piratas y hawaianos se mezclaron ayer con participantes que, muy previsores, se ataviaron de formas originales para combatir el agua. Así, no faltaron los buzos ni los patitos, con gorrito y botas de goma incluidos. También hubo quien bajo el lema «Se chove que chova», se lanzó a correr en manga corta. «Tenemos muchas ganas de empezar la carrera. No hace frío y la lluvia nos da igual», apuntaron un grupo de niñas de 12 años mientras esperaban su turno para salir. Cerca de ellas estaba Lourdes, que desde hace un par de años es asidua a la prueba solidaria. «Vengo con una amiga y con mis hijos y los de ella. Empezamos a venir antes de la pandemia y es un día para disfrutar todos juntos», señaló.
Los primeros en partir de la línea de meta y recorrer los 2,46 kilómetros de la prueba, que promueve a través del juego la inclusión y la visibilización de colectivos y personas con diversidad funcional, lo hicieron poco después de que el reloj marcase las 16.30 horas. Tras una cuenta atrás coreada por los asistentes, niños y mayores lo dieron todo en una ruta que pasó por la Marina, el Parrote y el castillo de San Antón, para terminar en la plaza de María Pita. El primero en llegar a la meta fue Pablo Piñón, de 8 años. Lo hizo lleno de harina tras superar los distintos obstáculos de la actividad, que reflejan el día a día de las personas con diversidad. No faltaron la clásica montaña de neumáticos, el laberinto de cuerdas o el baño con espuma, a los que se sumaron nuevos juegos como el túnel de lavado. «Me gustó mucho lo de las pompas de jabón», indicó el niño.
El dinero recaudado del precio de las inscripciones, de 7 euros para el público general y de 5 papara menores de 10 años y personas con discapacidad, se dará a conocer mañana y será destinado, como cada año, a entidades sociales y proyectos que promueven la incorporación al deporte de las personas con diversidad funcional. En la anterior edición, la cifra superó los 32.975 euros.
En la meta se instalaron diferentes carpas de asociaciones benéficas como la del Banco de Alimentos Rías Altas, que recaudó alimentos.
Retenciones
Tras el fin de la carrera, que finalizó sobre las siete de la tarde, se produjeron retenciones en el túnel de María Pita en sentido salida de la ciudad.