Le doy la vuelta a la frase hecha, y lo siento por los de Lugo, y también por los de Pontevedra, Santiago, Ferrol..., que no tengo duda de que tienen muy buenos restaurantes. De hecho, en Ourense la cocina está alcanzando un chupchup que da gusto y en los últimos años los cocineros han cogido la sartén por el mango con locales nuevos que han repuntado en la ciudad. Y sí, están Olleros y Pepe Solla en las Rías Baixas... Sin embargo, en Coruña hay mucho y bueno, porque todo se está cociendo con mucho nivelón. Así que solo con darse una vuelta por la ciudad y alrededores, una se da cuenta de que no es tan habitual en una ciudad como la nuestra, que no es precisamente grande, que haya tantos restaurantes y de tanta calidad. Me encantaría citarlos a todos y seguramente me dejo a muchos en el tintero, pero después de la genialidad de Luis Veira en el monte de San Pedro, y del cuidado que le pone Xoán Crujeiras en Bido, hay propuestas como la de Moncho Méndez, de Millo, y Quique Vázquez, de O Terreo, que han convertido sus locales en un hervidero de gente. ¿El truco? No dejar de remover a fuego lento y generar un boca a boca que los ha llevado a fidelizar una clientela. Lo saben los de A Mundiña, y también los de El Charlatán, que hace poco tuvieron la visita de Joan Roca. Álvaro Victoriano y Rubén García, que han conseguido fans de su charlatanería, le sirvieron al Michelin perrechicos, centolla y steak tartar de vaca madurada para su sorpresa, porque no se esperaban que Roca les entrara por la puerta. Y no me olvido de El Refugio, en Oleiros, que lleva casi 50 años ofreciendo verdaderos manjares con exquisitez. Me quedan muchos por nombrar, como Adrián Figueroa, que con Omakase está rompiendo moldes, pero la tendencia es clara: Coruña ahora está para comérsela entera.