Siempre con nosotros

El gorrión común es el pájaro más urbano, desde que existen ciudades


La historia de las ciudades es también la del gorrión común. Hasta el extremo de que este es uno de los pájaros más abundantes del planeta, y a la vez más distribuido por todos los continentes.

Desde hace una década, más de la mitad de la población humana del planeta vivimos en medios urbanos. Y la tendencia sigue en aumento. Buena parte de ello comenzó, como bien es sabido, en el llamado Creciente Fértil, entre Egipto, Siria y Mesopotamia. Es precisamente en esa zona del mundo donde vivían originalmente los gorriones.

Tengo sobre mí varios machos emitiendo su sonoro y monótono reclamo en la fachada de una de las grandes sedes de bancos del Cantón Grande. Su vocerío recuerda un poco al de un mercado. Lo que ellos venden no son hipotecas ni pescado fresco, sino genes. Sus clientes son varias hembras que calculan la calidad de la mercancía en función de los requiebros que les llegan.

Junto al grano

La principal teoría de la afición de los gorriones por la compañía humana especula con que estos animales decidieron acompañarnos en nuestra evolución cultural por un motivo: nuestra capacidad de acumular granos de cereal. Desde que nos hicimos agricultores, siempre caía uno por aquí, otro por allá... Además, en los edificios que íbamos levantando existían huecos ideales para anidar. Así que decidieron civilizarse. A su manera. Sin domesticarse. Pero sin dejar por ello de perseguir las migas de pan de niños y mayores.

Pienso en su aprovechamiento de nuestra propia evolución mientras esos machos siguen cantando y bajo ellos pasan cientos de personas. Tan habituados estamos a esos trinos, que nuestro cerebro ya no los disgrega de la banda sonora de la ciudad. Bueno, es que, de hecho, son parte inseparable de ella. De casi cualquier ciudad y pueblo del mundo.

Flexibilidad y adaptación

Allí donde se levante una población, salvo pocas excepciones, terminan por aparecer gorriones, de esta u otras especies. Viven desde los 400 metros por debajo del nivel del mar en el Mar Muerto, hasta los 4.500 metros de altura en el Himalaya, y en casi todo tipo de temperaturas y condiciones de humedad.

Al continente americano, Australia o Sudáfrica, llegaron hace poco menos de dos siglos. En algunos casos fueron llevados a propósito. En muchos otros, no. A las remotas islas Malvinas lo hicieron como polizones en 1919, en un ballenero. No es nada raro que aprovechen grandes barcos para viajar así. El caso más extremo es el de una bandada que se subió a uno en Bremen, Alemania y desembarcó en Melbourne, Australia.

Una hembra se acerca entre los paseantes. De inmediato bajan junto a ella varios galanes. Trinan, abren alas y cola. Ella los aleja de su lado y se va volando. Aunque a uno, o eso me ha parecido a mí, lo ha mirado con buenos ojos.

Machos y hembras

Los machos son los que lucen garganta y pecho negros. Además, tienen la parte alta de la cabeza gris, y la nuca castaña. Las hembras tienen un plumaje mucho más discreto. Los jóvenes son muy parecidos a ellas.

Pequeñas colonias

En esta fecha muchos nidos están a tope de actividad. A menudo los instalan en pequeñas colonias, en huecos en fachadas o muros. En muchos de ellos habrá ya hasta cinco o seis pollitos a punto de volar.

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